El último rostro también se construye
“La tanatoestética no intenta que una persona fallecida parezca viva; intenta que las señales físicas de la muerte no impidan reconocer quién fue.”
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“La tanatoestética no intenta que una persona fallecida parezca viva; intenta que las señales físicas de la muerte no impidan reconocer quién fue.”
El ama recuerda que para devolverlo algo en sí gastó más de seiscientos huevos, con Dios, el mundo y sus gallinas por testigos.
Para defender la vieja costumbre caballeresca, Don Quijote termina arrojando refranes como llovidos.
Teresa teme que casar a su hija con grandeza la exponga al desprecio y defiende vivir entre iguales.
Sancho dice que él y su amo darán al autor tanto ripio de aventuras que podrá componer no una segunda parte, sino ciento.
Sansón dice que algunos creen que nunca segundas partes fueron buenas, mientras otros piden más quijotadas.
Sancho recuerda que entre cobardía y temeridad está el medio de la valentía.
Sancho justifica los cien escudos gastados calculando que sus golpes valdrían más si se pagaran por unidad.
Sancho protesta por sus golpes y por su nombre, y Sansón le confirma que muchos lectores lo aprecian como segunda persona de la historia.
Sancho trae la noticia de que la historia de Don Quijote anda ya impresa con sus nombres reales.