Dinero y confianza
Sancho afirma que podría gobernar ya; lo único que falla es que la ínsula prometida se retrasa
Sancho no duda demasiado de su capacidad para gobernar. Duda de la puntualidad de la ínsula.

Don Quijote, Sancho y Sansón Carrasco conversan sobre el libro impreso.
Sancho no duda demasiado de su capacidad para gobernar. Duda de la puntualidad de la ínsula.
En la conversación con Sansón Carrasco, el problema no parece estar en su caletre ni en su preparación. Sancho se ve listo para el cargo. Lo que se retrasa es la recompensa prometida: la ínsula todavía no llega.
La idea central está ahí: la ambición de Sancho no espera legitimidad; espera ocasión.
Cervantes vuelve a mostrar que Sancho cree de una manera práctica. No necesita comprender todos los códigos caballerescos para aferrarse a la promesa. Le basta una idea sencilla: si algún día hay gobierno, él sabrá ocuparlo.
La seguridad es cómica porque nace de una distancia enorme entre deseo y competencia real. Pero también es humana. Sancho imagina el cargo desde fuera, como quien ve el poder sobre todo como mejora de vida. Gobernar, para él, empieza siendo una posibilidad de ascenso antes que una técnica.
La ínsula se entretiene: esa es la gran frustración. La promesa sigue viva, pero aplazada. Y toda promesa aplazada necesita explicaciones para no romperse.
Don Quijote le dio a Sancho una esperanza política. La Segunda Parte muestra el efecto de esa esperanza: ya no es un simple incentivo inicial, sino una idea que Sancho defiende, reclama y adapta.
El problema no era su caletre porque, en su imaginación, el cargo ya lo ha elegido. Falta que el mundo se entere.