El desengaño llegó cuando ya no quedaba tiempo para reparar
Alonso Quijano reconoce los disparates de la caballería, pero lamenta que el desengaño haya llegado tarde.
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Alonso Quijano reconoce los disparates de la caballería, pero lamenta que el desengaño haya llegado tarde.
Despertado para azotarse, Sancho pronuncia un elogio del sueño como comida, agua, fuego, frío, moneda y balanza universal.
Al salir del castillo, Don Quijote pronuncia su elogio de la libertad y el peso de las mercedes recibidas.
A propósito de Altisidora, Don Quijote distingue hermosura del cuerpo y del alma, y se declara no hermoso pero tampoco monstruo.
El narrador introduce el fin del gobierno de Sancho con una meditación sobre estaciones, inestabilidad y fugacidad humana.
La rotura de la media activa una reflexión sobre pobreza, caridad, hidalgos y decoro material.
En su defensa ante el eclesiástico, Don Quijote contrapone ambición, adulación e hipocresía con la senda de la caballería.
Tras oír a Don Quijote aconsejar sobre matrimonio y fama, Sancho admite que su amo sabe meter la cucharada en todo.
Sancho describe la muerte como hambre que siega a todos, ricos y pobres, y Don Quijote admite que podría decirlo un buen predicador.
Don Diego se queja de su hijo poeta y formula que las letras sin virtud valen poco aunque brillen.
Don Quijote compara la vida con comedia: unos hacen reyes, otros pontífices, pero al final la muerte quita las ropas.
Una lectura de Hayy ibn Yaqzan desde el texto árabe: cuando el duelo por una gacela se convierte en investigación sobre dónde vive la vida.
Don Quijote elige las armas porque cree haber nacido bajo Marte y porque su voluntad lo empuja.
Don Quijote recibe bellotas de los cabreros y las convierte en un discurso sobre una edad sin “tuyo y mío”.
El texto exige una historia puntual y desapasionada, pero al mismo tiempo introduce sospecha contra Cide Hamete por ser árabe.
Toegye Yi Hwang propone una idea incómoda: sentir algo no basta; también hay que aprender qué clase de emoción nos mueve.
En Toegye Yi Hwang, la atención moral no es una idea bonita: es una práctica para ordenar emoción, carácter y acción.