Derecho e instituciones
Sancho dicta ordenanzas contra regatones, vino aguado, precios abusivos, cantos lascivos y milagros sin testimonio auténtico
También dicta ordenanzas. Prohíbe abusos de mercado, vino aguado, precios desmedidos, cantos indecentes y hasta milagros cantados sin testimonio auténtico. Su gobierno mezcla economía, moral pública y verificación de hechos.

Ilustración pública incluida en el capítulo 51 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Las constituciones de Sancho prohibían vino falso y milagros sin prueba» porque pertenece al mismo capítulo.
Sancho no gobierna solo resolviendo pleitos ingeniosos.
También dicta ordenanzas. Prohíbe abusos de mercado, vino aguado, precios desmedidos, cantos indecentes y hasta milagros cantados sin testimonio auténtico. Su gobierno mezcla economía, moral pública y verificación de hechos.
La idea central está ahí: Sancho entiende que una comunidad se desordena por fraudes pequeños antes que por grandes teorías.
Cervantes le da una agenda muy concreta. No legisla sobre abstracciones grandiosas, sino sobre lo que toca la vida diaria: pan, vino, precios, calle, canto, engaño, rumor religioso. La política aparece como administración de prácticas repetidas.
La parte de los milagros es especialmente fina. Sancho no niega lo maravilloso, pero exige prueba. No quiere que cualquiera convierta un canto o una noticia en autoridad pública sin testimonio. La credulidad también necesita gobierno.
El vino falso y el milagro sin prueba pertenecen a ámbitos distintos, pero comparten mecanismo: ambos adulteran la confianza. Uno altera la bebida; el otro altera la creencia. En ambos casos, la comunidad puede ser explotada.
Sancho, analfabeto y hambriento, gobierna con un sentido práctico que mira la calle más que el tratado.
Las constituciones de Sancho prohibían vino falso y milagros sin prueba porque Cervantes sabía que la justicia cotidiana empieza defendiendo a la gente de adulteraciones materiales y de relatos que quieren pasar por verdad sin responder ante nadie.