Derecho e instituciones
Sancho siguió dictando sentencias después de abandonar el gobierno de Barataria
En el camino resuelve una apuesta desigual entre un gordo y un flaco, como exgobernador que aún conserva oficio de sentencia.

Ilustración pública incluida en el capítulo 66 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Sancho siguió juzgando después de dejar el gobierno» porque pertenece al mismo capítulo.
Sancho dejó Barataria, pero Barataria no salió del todo de Sancho.
En el camino se encuentra con una disputa entre un hombre gordo y uno flaco, y vuelve a actuar como juez. Escucha, mide la desigualdad y propone una solución. El cargo fue falso, pero dejó una capacidad verdadera.
La idea central está ahí: Sancho conserva oficio de sentencia después de perder el gobierno.
Cervantes muestra que incluso una experiencia fingida puede producir aprendizaje real. Barataria fue teatro organizado por otros, pero Sancho juzgó, decidió, sufrió el peso de las demandas y descubrió algo de su propio criterio. Al volver al camino, esa práctica no desaparece.
La escena de la apuesta es menor, casi de paso. Precisamente por eso funciona. Sancho no necesita trono, escribanos ni mesa de gobernador para aplicar juicio. La justicia se vuelve hábito portátil.
También hay un eco de su propia historia. El exgobernador vuelve a ser caminante, pero ya no es exactamente el mismo escudero de antes. Ha probado el mando, lo ha abandonado y aun así retiene una autoridad práctica.
La burla de Barataria dejó una consecuencia que los burladores no controlaban: Sancho aprendió a juzgar.
Sancho siguió juzgando después de dejar el gobierno porque Cervantes sabía que una institución puede ser falsa y, sin embargo, enseñar a una persona algo verdadero sobre su manera de mirar los conflictos.