Ideas científicas contraintuitivas
Una pareja de pulpos rayados vivió junta y se apareó cara a cara
Un estudio de 24 pulpos rayados del Pacífico confirmó apareamiento cara a cara, convivencia prolongada de una pareja y puesta continua durante meses. Casi todo se observó en acuarios, y la aparente comida compartida no pudo confirmarse mediante análisis digestivo.
Figura 4 del estudio: fotografías del apareamiento cara a cara del pulpo rayado grande del Pacífico y del alineamiento de sus ventosas.
Durante décadas, los relatos sobre un pulpo rayado del Pacífico parecieron demasiado extraños para encajar en la imagen habitual del animal solitario. Se hablaba de parejas instaladas en la misma guarida, apareamiento con los picos frente a frente y hembras que seguían poniendo huevos durante meses. El problema era que las primeras descripciones procedían de observaciones breves y de ejemplares mantenidos en cautividad, y la especie ni siquiera contaba con una descripción taxonómica formal.
Entre 2012 y 2014, un equipo pudo observar 24 adultos: trece machos y once hembras. Todos procedían de un mismo lugar de recolección en Nicaragua y llegaron a laboratorios de la Universidad de California en Berkeley y de la Academia de Ciencias de California a través del comercio de acuarios. El estudio no fue un experimento diseñado para contar con igual esfuerzo cada conducta. Era un catálogo no invasivo destinado a registrar el mayor número posible de comportamientos, por lo que los propios autores advierten que las frecuencias deben interpretarse con cautela.
Los investigadores permitieron que cuatro parejas de macho y hembra compartieran tanque después de comprobar que los primeros encuentros no producían canibalismo ni lesiones graves. La convivencia no significaba necesariamente ocupar el mismo refugio. Tres parejas mantuvieron espacios separados. En una de ellas, sin embargo, ambos animales entraban ocasionalmente en el mismo tubo de PVC y se colocaban en aberturas distintas.
La duración convirtió esos encuentros en algo más que una visita. En al menos cuatro ocasiones, esa pareja permaneció en la misma guarida durante más de tres días consecutivos. El macho salía a explorar y buscar alimento y podía regresar después. Mientras compartían el refugio, los dos se apareaban diariamente. El resultado confirma que, al menos bajo esas condiciones, la cercanía entre dos pulpos podía mantenerse durante días sin desembocar en una separación inmediata o en canibalismo.
El apareamiento de la especie también era inusual. Casi siempre ocurría pico con pico, con las superficies ventrales enfrentadas y los brazos y ventosas alineados. El macho introducía su brazo reproductor en la cavidad del manto de la hembra desde una posición que, en otras especies, podría dejarlo peligrosamente cerca de la boca de una pareja caníbal. Las hembras podían envolver parcialmente al macho, empujarlo o expulsar agua contra él. Después quedaban marcas de ventosas en el manto del macho, pero no se observaron brazos arrancados, constricción ni canibalismo.
La misma pareja que compartía guarida fue vista con una presa entre ambos cuerpos. La hembra capturaba el alimento; el macho se acercaba y los dos permanecían de cinco a diez minutos en postura pico con pico, con varias ventosas alineadas. Parecía que ambos estaban comiendo. Sin embargo, los investigadores no sacrificaron a los animales y no analizaron el contenido intestinal. El estudio permite hablar de alimentación aparentemente compartida, no de una demostración de que los dos ingirieran parte de la presa.