Ideas científicas contraintuitivas
Tres perros detectaron calor débil emitido por una superficie distante
Tres perros aprendieron a elegir entre dos superficies idénticas según una radiación térmica demasiado débil para sentirse sin tocarlas. En otro experimento, trece perros despiertos mostraron mayor actividad somatosensorial ante el estímulo tibio. La nariz fría es la candidata principal, pero el receptor y su función natural siguen sin conocerse.

Termografía de un perro a 27 °C: la lengua aparece cálida y el rinario, la punta desnuda de la nariz, destaca como una zona fría.
Dos paneles negros parecían iguales. Uno estaba casi a la temperatura de la habitación; el otro, unos doce grados más caliente, se aproximaba a la superficie de un mamífero cubierto de pelo. Desde el extremo opuesto de una pequeña sala, un perro debía decidir cuál emitía calor.
La tarea no consistía en tocar el panel. Los estímulos se encontraban a distancia y la radiación era tan débil que una persona no podía sentirla acercando la mano: necesitaba entrar en contacto con la superficie. Tres perros domésticos fueron entrenados mediante refuerzo positivo para localizar el lado tibio.
El montaje intentó borrar las pistas alternativas. Las dos caras visibles estaban cubiertas por el mismo plástico negro mate. Los paneles permanecían encendidos para evitar ruidos de dilatación y un ventilador dirigía el aire desde los estímulos hacia el lado contrario, reduciendo corrientes convectivas y olores que pudieran delatar la respuesta. El alimento estaba presente en ambos lados y los ensayos de prueba eran doble ciego.
Los tres animales diferían mucho de tamaño: pesaban nueve, dieciocho y cuarenta kilogramos. Solo participaban cuando la superficie desnuda y húmeda de la punta de la nariz —el rinario— estaba suficientemente fría, con una media cercana a diecinueve grados. En los experimentos doble ciego, los tres localizaron la fuente de radiación débil por encima de lo esperado al azar.
El estudio añadió una segunda vía de evidencia. Trece perros despiertos y entrenados para permanecer inmóviles entraron en un escáner de resonancia magnética funcional. Se les presentó una superficie tibia o una neutra a unos veinticuatro centímetros del rinario, manteniendo las condiciones lo más semejantes posible salvo por la radiación térmica.
La comparación tibio frente a neutro reveló un pequeño grupo significativo de catorce vóxeles en el hemisferio izquierdo, en la zona media y rostral del giro suprasilviano. Esa región se clasifica como corteza de asociación somatosensorial. No apareció un grupo equivalente en el hemisferio derecho ni una respuesta mayor ante el estímulo neutro.
Las dos pruebas medían cosas distintas. En la sala, el perro tenía que localizar de qué lado procedía el calor y dirigir su conducta hacia allí. En el escáner solo debía recibir el estímulo mientras se observaba la actividad cerebral. La convergencia entre elección y respuesta neural apoya que la radiación fue detectada, pero no convierte una muestra de tres perros en una estimación precisa de la frecuencia o sensibilidad de toda la especie.
¿Por qué una nariz fría? El rinario canino es desnudo, húmedo y está densamente inervado. El resto de la cara está cubierto por pelo aislante, y la radiación térmica de longitud de onda larga no puede activar los fotopigmentos del ojo como lo hace la luz visible. Por eso los autores propusieron el rinario como estructura sensorial principal.
Proponer no es localizar el receptor. El estudio no registró directamente neuronas de la nariz ni identificó un canal molecular capaz de convertir un calentamiento minúsculo en impulsos nerviosos. La piel canina tampoco posee la membrana fina y suspendida de las fosetas térmicas de ciertas serpientes. El mecanismo permanece abierto.