Ideas científicas contraintuitivas
Un guppy retrocede antes de saltar más de tres veces su longitud
Los guppies filmados no saltaban por una presa ni por un sobresalto. Desde el reposo, nadaban lentamente hacia atrás y después aceleraban hasta salir del agua. La cinemática está medida; que el salto sirva para dispersarse sigue siendo una hipótesis.
Figura 2 del estudio: serie temporal que muestra al guppy retrocediendo antes del salto y después atravesando la superficie del agua.
Un guppy inmóvil parece encontrarse en el peor punto posible para iniciar un salto. No toma carrera hacia delante. Primero hace lo contrario: usa únicamente las aletas pectorales para retroceder lentamente, se detiene a poca profundidad y después comprime el cuerpo en una secuencia de movimientos rápidos que lo lanza fuera del agua.
La preparación importa porque distingue este comportamiento de un sobresalto corriente. Muchos peces saltan para escapar de un depredador, atrapar una presa aérea o superar una barrera durante una migración. Los guppies observados por Daphne Soares y Hilary Bierman no recibían un estímulo amenazante, no perseguían comida y no estaban frente a un obstáculo. Saltaban espontáneamente tanto en sus tanques habituales como en el recipiente experimental.
Los animales procedían de líneas de laboratorio descendientes de hembras capturadas en una zona de alta depredación del río Guanapo, en Trinidad. El estudio se concentró en machos adultos. En el primer montaje, siete de once comenzaron a saltar pocos minutos después de entrar en el tanque, dos lo hicieron aproximadamente una hora más tarde y dos no saltaron. Las investigadoras analizaron veinte saltos de cinco peces con vistas lateral y dorsal y otros veintidós saltos de cuatro peces en un segundo montaje.
La cámara registraba mil imágenes por segundo. Antes de cada salto, el pez permanecía quieto y después nadaba hacia atrás a unos diez centímetros por segundo. El retroceso medio fue de 3,09 centímetros, cerca de 0,82 veces la longitud corporal. No ondulaba el tronco durante esa fase: el desplazamiento dependía de las aletas pectorales y avanzaba con una lentitud incompatible con una reacción instantánea de pánico.
Después llegaba el cambio de régimen. El guppy curvaba el cuerpo con fuerza, invertía la curvatura y encadenaba batidos de alta frecuencia. La cabeza rompía la superficie cuando el animal ya se movía a gran velocidad, y los movimientos de la cola continuaban durante una parte del vuelo. El salto medio alcanzó 6,54 centímetros de altura, unas 3,52 longitudes corporales. La velocidad máxima media fue de unos 102 centímetros por segundo dentro del agua y de 124 centímetros por segundo en el aire.
Los saltos no eran todos iguales. Una mayor velocidad se asociaba con una mayor altura. También existía una relación entre la preparación y el resultado: cuanto más retrocedía el pez, más alto tendía a saltar. En cambio, los saltos iniciados desde una mayor profundidad solían alcanzar menos altura. El animal parecía colocar su cuerpo y reservar una distancia concreta antes de ejecutar la fase explosiva.
Las primeras curvaturas se parecían a las de la respuesta de escape conocida como C-start. Eso abre la posibilidad de que el salto reutilice parte de un circuito nervioso originalmente vinculado a movimientos de emergencia. Sin embargo, la semejanza cinemática no identifica por sí sola las neuronas implicadas. El artículo propone esa conexión como una posibilidad que requiere estudios fisiológicos más detallados.