Ideas científicas contraintuitivas
Los perros prefieren defecar orientados norte-sur con el campo magnético estable
Durante dos años, 70 perros aportaron 1.893 observaciones de defecación. La preferencia norte-sur apareció únicamente al separar los periodos con declinación magnética estable. El patrón es estadístico, el análisis fue posterior a la recogida y el mecanismo sigue sin conocerse.
Un perro busca sitio, gira varias veces y se detiene. Esa escena cotidiana produjo una base de datos extraordinaria: durante dos años, propietarios y observadores anotaron con una brújula la dirección del cuerpo de 70 perros mientras orinaban o defecaban. La pregunta no era si elegían un árbol o una superficie concreta, sino si el eje que iba del lomo a la cabeza guardaba alguna relación con el campo magnético terrestre.
Participaron 28 machos y 42 hembras de 37 razas. Entre diciembre de 2011 y julio de 2013 se registraron 1.893 defecaciones de 55 perros y 5.582 micciones de 59. Los animales estaban sueltos en prados, campos o bosques, alejados de carreteras, tendidos eléctricos, construcciones metálicas visibles, muros y vallas que pudieran imponer una dirección.
Al reunir todas las observaciones, el resultado no mostró una brújula clara. La distribución durante la defecación era dispersa y la media calculada para cada perro no confirmó una preferencia general convincente. El dato llamativo apareció después, cuando la recogida ya había terminado y los investigadores relacionaron cada paseo con los magnetogramas del observatorio de Fürstenfeldbruck.
El campo terrestre no mantiene exactamente la misma dirección durante el día. Su declinación —el ángulo entre el norte geográfico y el norte magnético— cambia lentamente y a veces de forma irregular. Al clasificar las observaciones según cuánto había variado esa dirección durante cada paseo, los perros mostraron una preferencia por el eje norte-sur cuando la declinación permanecía estable. En periodos de cambio, la alineación desaparecía.
El análisis no significa que cada perro apuntara al norte. La medida era axial: norte-sur y sur-norte pertenecían al mismo eje. Tampoco aparecía una orientación idéntica en cada ocasión. Se trataba de una desviación estadística respecto a una distribución aleatoria, visible en el grupo bajo una condición geomagnética concreta.
El patrón de la defecación no mostró diferencias significativas entre machos y hembras. Los investigadores observaron una posible variación con la edad, pero no la desarrollaron como conclusión firme. Tampoco pudieron comprobar efectos de raza porque había pocos individuos de cada una. En la micción, además, la postura de los machos que levantaban una pata introducía diferencias respecto a las hembras.
La parte más importante de la historia es también su principal limitación. La hipótesis sobre la estabilidad de la declinación surgió después de completar la muestra y de obtener unos primeros resultados ambiguos. Los observadores no conocían las condiciones magnéticas de cada paseo, lo que reduce el riesgo de que dirigieran conscientemente las mediciones, pero la clasificación posterior aumenta la necesidad de replicaciones diseñadas desde el principio para probar exactamente ese efecto.
El estudio intentó excluir explicaciones como la hora del día, la posición del Sol, el viento y el lugar habitual del paseo. Aun así, era una investigación observacional realizada por 37 propietarios o colaboradores, no un experimento en el que se rotara artificialmente el campo magnético alrededor de los perros. Por tanto, demuestra una correlación entre estabilidad geomagnética y orientación corporal; no identifica el órgano sensorial ni prueba una causa física concreta.
Tampoco sabemos para qué serviría esa alineación. Los autores imaginaron que una dirección estable podría ofrecer un marco de referencia para calibrar un mapa espacial, del mismo modo que una persona se detiene para consultar una brújula. Pero los perros no fueron seguidos después para comprobar si la postura mejoraba su navegación. La función permanece abierta.
La conclusión prudente es más extraña que la caricatura del perro con brújula. Miles de decisiones corporales que parecían puro azar cambiaron de distribución cuando el norte magnético dejó de moverse. El animal no señala un destino ni ejecuta una maniobra perfecta: durante una fracción de los paseos, una rutina íntima parece volverse sensible a una variación invisible del planeta.
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