Medicina e higiene
Ante alarmas de espías y venenos, Sancho decide encerrar primero al doctor Recio porque lo mata de hambre
Sancho escucha la amenaza, pero identifica otro peligro más cercano: el doctor Recio. El médico que le prohíbe comer se vuelve, para él, una amenaza más inmediata que cualquier conspirador invisible.

Ilustración pública de la misma parte y capítulo de Don Quijote (parte 2, capítulo 47). El doctor Pedro Recio sigue rechazando los platos del gobernador, contexto inmediato de la defensa de Sancho de que las tripas sostienen el corazón.
En Barataria se habla de enemigos, espías y venenos.
Sancho escucha la amenaza, pero identifica otro peligro más cercano: el doctor Recio. El médico que le prohíbe comer se vuelve, para él, una amenaza más inmediata que cualquier conspirador invisible.
La idea central está ahí: el mayor peligro político de Barataria era dietético.
Cervantes hace comedia con una inversión excelente. El poder suele temer traiciones, complots y ataques externos. Sancho teme al hombre autorizado para quitarle la comida en nombre de su salud. La amenaza no viene de fuera, sino del régimen interno que administra su cuerpo.
El doctor Recio representa una medicina disciplinaria, llena de prohibiciones. Habla desde el saber técnico y reduce el placer de comer a riesgo. Sancho, desde su experiencia, entiende otra cosa: una autoridad que no le permite alimentarse lo está debilitando.
La escena no niega la medicina, pero se burla del exceso de control cuando el cuidado se vuelve castigo. Si preservar la vida impide vivir, la prudencia empieza a parecer enemiga.
Sancho gobierna una ínsula fingida, pero su hambre es real. Por eso su diagnóstico político es brutalmente práctico: antes de buscar traidores lejanos, hay que apartar a quien lo está consumiendo en la mesa.
Sancho vio al médico como el mayor peligro de Barataria porque Cervantes sabía que el poder sobre la comida puede sentirse más tiránico que muchas amenazas oficiales.