Medicina e higiene
Altisidora vendó las heridas de Don Quijote mientras atacaba a Dulcinea
Tras el ataque del gato, Altisidora cura a Don Quijote mientras desea que Sancho olvide los azotes de Dulcinea.

Ilustración pública incluida en el capítulo 46 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Altisidora vendó las heridas y culpó a Dulcinea» porque pertenece al mismo capítulo.
Altisidora aparece cuidando heridas, pero no abandona la burla amorosa.
Después del ataque del gato, venda a Don Quijote y lo atiende. El gesto parece médico, compasivo, casi íntimo. Sin embargo, sus palabras vuelven a la rivalidad con Dulcinea y al asunto de los azotes de Sancho.
La idea central está ahí: el cuidado médico se mezcla con teatro sentimental.
Cervantes hace que la cura no sea neutral. Altisidora toca el cuerpo herido de Don Quijote, pero también intenta tocar su imaginación. El vendaje cubre daños reales; el discurso abre de nuevo el juego falso de celos, amor y encantamiento.
La escena es incómoda por esa mezcla. Don Quijote ha sufrido una herida concreta. Pero el palacio, en lugar de detener la representación, la incorpora al cuidado. Incluso la medicina queda absorbida por la comedia cruel de los duques.
Altisidora no cura solo como enfermera. Cura como actriz dentro del montaje. Su atención mantiene a Don Quijote dentro de una red de signos donde todo parece confirmar que su vida caballeresca sigue siendo seria.
El cuerpo herido se vuelve escenario secundario. Las vendas no clausuran la burla; la hacen más cercana.
Altisidora vendó las heridas y culpó a Dulcinea porque Cervantes sabía que incluso el cuidado puede ser ambiguo cuando quien cura sigue participando en el teatro que produjo la herida.