Medicina e higiene
Tras la escena de Altisidora, Sancho se rebela: no es de bronce ni vaca de boda para curar males de otros
La escena de Altisidora exige molestias sobre su cuerpo para producir un efecto maravilloso. Sancho se rebela con una verdad elemental: no es de bronce, no es instrumento, no es animal de fiesta. Tiene cuerpo propio.

Ilustración pública incluida en el capítulo 69 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Sancho recordó que no era de bronce para sufrir remedios ajenos» porque pertenece al mismo capítulo.
Sancho vuelve a estar colocado en el centro de una cura que no eligió.
La escena de Altisidora exige molestias sobre su cuerpo para producir un efecto maravilloso. Sancho se rebela con una verdad elemental: no es de bronce, no es instrumento, no es animal de fiesta. Tiene cuerpo propio.
La idea central está ahí: Sancho vuelve a poner límites físicos a la fantasía de todos.
Cervantes repite una tensión decisiva de la segunda parte. El cuerpo de Sancho sirve una y otra vez como medio para fines ajenos: desencantar a Dulcinea, sostener burlas ducales, activar milagros fingidos. Cada vez, el escudero recuerda que ese cuerpo siente.
La frase sobre no ser de bronce importa porque resume la condición humana frente a la exigencia simbólica. Los demás quieren que soporte como objeto resistente. Él responde desde la carne: duele, cansa, protesta.
La burla de los duques resulta cada vez menos ligera. La imaginación cortesana necesita cuerpos subordinados para producir maravillas. Sancho, con su queja, rompe el encanto desde abajo.
No hace teoría abstracta de derechos. Hace algo más directo: se niega a ser tratado como material disponible.
Sancho recordó que no era de bronce para sufrir remedios ajenos porque Cervantes sabía que la dignidad empieza cuando quien parecía instrumento dice, con su propio dolor, que no ha nacido para curar fantasías de otros.