Derecho e instituciones
Sancho se consuela porque Teresa envió bellotas a la duquesa después de recibido el gobierno, no antes
Le preocupa si el regalo a la duquesa podría parecer soborno. Entonces se consuela con una distinción temporal: Teresa las envió después de recibido el gobierno, no antes. Si no compraron el cargo, no fueron cohecho.

Ilustración pública incluida en el capítulo 57 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Sancho razonó que las bellotas de Teresa no eran cohecho» porque pertenece al mismo capítulo.
Sancho piensa en las bellotas de Teresa con lógica de exgobernador.
Le preocupa si el regalo a la duquesa podría parecer soborno. Entonces se consuela con una distinción temporal: Teresa las envió después de recibido el gobierno, no antes. Si no compraron el cargo, no fueron cohecho.
La idea central está ahí: Sancho aplica anticorrupción doméstica a un celemín de bellotas.
Cervantes convierte un regalo campesino en problema jurídico. Las bellotas parecían gesto humilde de gratitud, pero Sancho ya ha pasado por la experiencia del mando y mira el intercambio con otra sospecha. Ha aprendido que los regalos no son inocentes cuando circulan alrededor del poder.
La escena es cómica porque la escala resulta mínima: no hablamos de oro ni de rentas, sino de bellotas escogidas. Pero precisamente ahí está la gracia. Sancho entiende que la corrupción no se define solo por el lujo del objeto, sino por la intención y el momento del intercambio.
Su razonamiento tiene una precisión sorprendente. Un regalo antes puede parecer compra de favor; un regalo después puede presentarse como agradecimiento. No siempre basta esa diferencia, pero Sancho la usa para tranquilizar su conciencia.
El gobernador que salió pobre conserva una sensibilidad nueva hacia la limpieza del cargo.
Sancho razonó que las bellotas de Teresa no eran cohecho porque Cervantes sabía que incluso la honradez popular necesita pensar cuándo un regalo deja de ser cortesía y empieza a parecer precio.