Derecho e instituciones
San Marino hizo ciudadano a Lincoln y convirtió una cortesía en reconocimiento diplomático
En 1861, San Marino nombró ciudadano honorario a Abraham Lincoln; su aceptación quedó registrada por Estados Unidos como reconocimiento de la pequeña república.

Abraham Lincoln al comienzo de su presidencia, en un retrato del mismo año en que San Marino le concedió la ciudadanía honoraria.
El 29 de marzo de 1861, los dos jefes de Estado de San Marino enviaron una carta a Abraham Lincoln. No le pedían dinero, armas ni protección militar. Le ofrecían algo que solo su diminuta república podía conceder: la ciudadanía honoraria sammarinense.
La propuesta parecía desproporcionada. San Marino era un territorio minúsculo sobre el monte Titano; Estados Unidos se extendía a través de un continente. Sin embargo, la carta trataba a ambos como miembros de una misma familia política: dos repúblicas que podían reconocerse precisamente porque ninguna era una monarquía.
Lincoln respondió el 7 de mayo. Agradeció la ciudadanía y escribió que, aunque el dominio de San Marino era pequeño, su Estado figuraba entre los más honrados de la historia. La Oficina del Historiador del Departamento de Estado considera aquella respuesta el momento en que Estados Unidos reconoció la independencia de San Marino.
Una cortesía había funcionado como acto diplomático.
Una carta enviada entre dos crisis
La fecha explica por qué el intercambio tenía más peso que un simple homenaje.
En Europa acababa de proclamarse el Reino de Italia. La unificación estaba absorbiendo antiguos Estados, redibujando fronteras y convirtiendo la península en una monarquía mucho mayor. San Marino había sobrevivido durante siglos mediante una combinación de aislamiento, negociación y utilidad simbólica. En 1861 necesitaba que su condición de república independiente resultara visible fuera de Italia.
Estados Unidos atravesaba la crisis opuesta. No intentaba evitar ser absorbido, sino impedir su desintegración. Cuando los capitanes regentes escribieron el 29 de marzo, varios Estados del sur ya se habían separado de la Unión. Entre la carta de San Marino y la respuesta de Lincoln, las fuerzas confederadas bombardearon Fort Sumter y comenzó la guerra civil.
Por eso Lincoln no respondió solamente como receptor de un honor personal. Utilizó San Marino como prueba histórica. Una república pequeña había logrado perdurar; la república grande debía demostrar ahora que también podía sobrevivir a una división interna.
La ciudadanía que no necesitaba pasaporte
La ciudadanía honoraria no convertía a Lincoln en un residente ordinario de San Marino. No significaba que fuera a votar, pagar impuestos o trasladarse al monte Titano. Su valor era representativo.
Un Estado pequeño dispone de pocos recursos materiales para llamar la atención de una potencia. Puede ofrecer una medalla, una audiencia, un título o una ciudadanía. Estos gestos parecen decorativos, pero poseen una ventaja: solo el Estado que los concede puede otorgarlos legítimamente.
San Marino convirtió así su pequeñez en un recurso diplomático. No podía impresionar a Washington con una flota ni con un gran mercado. Sí podía ofrecer a Lincoln pertenencia simbólica a una república antigua y convertir su aceptación en un documento entre gobiernos.
