Literatura y narrativa
Dulcinea era necesaria aunque no fuera princesa
Cuando Sancho identifica a Dulcinea como Aldonza Lorenzo, Don Quijote no niega el dato: explica que para el uso amoroso y poético que le da, basta imaginarla como princesa.

La ilustración contrapone la dama necesaria para la identidad caballeresca de Don Quijote con las preocupaciones materiales de Sancho; Gustave Doré, 1863.
La carta destinada a Dulcinea obliga a Don Quijote a dar información práctica. Sancho descubre que la dama universal de su amo es Aldonza Lorenzo, hija de vecinos conocidos del Toboso. La revelación enfrenta dos configuraciones de una misma persona.
Sancho describe a Aldonza desde la experiencia local. Recuerda su fuerza física, su voz, el trabajo en el campo y una presencia poco parecida a la princesa encerrada que había imaginado. Su retrato no demuestra que Don Quijote haya inventado una persona inexistente; muestra cuánto ha transformado a una persona real.
Don Quijote responde con una comparación. Una viuda puede considerar perfecto para su propósito a un hombre que otros juzgan indigno. El valor depende, en esa historia, del uso amoroso que ella le atribuye. Del mismo modo, Aldonza vale para él tanto como la princesa más alta.
Después amplía el argumento hacia la poesía. Muchos autores celebran a damas bajo nombres elegidos por ellos y no todas existen como mujeres de carne y hueso. Las inventan para dar asunto a sus versos y para presentarse públicamente como enamorados.
Don Quijote no llega a decir que Aldonza sea completamente ficticia. Afirma que le basta pensar y creer que es hermosa y honesta, y que el linaje importa poco. La imaginación selecciona y eleva rasgos hasta construir a Dulcinea como objeto adecuado para la caballería.
La operación contiene una desigualdad. Aldonza no participa en la elección del nombre, no conoce las cartas y quizá ni siquiera haya advertido las pocas miradas de Don Quijote. Dulcinea es necesaria para la identidad del caballero aunque la mujer que sirve de base no haya aceptado ese papel.
Tampoco es una mentira corriente destinada a engañar a Aldonza. Don Quijote reconoce ante Sancho el proceso de transformación y lo defiende como práctica legítima de poetas y enamorados. La ficción funciona hacia dentro de su empresa y hacia quienes deben reconocer su condición caballeresca.
Dulcinea era necesaria aunque no fuera princesa porque el héroe necesitaba una dama proporcionada a su relato. Aldonza aportaba existencia; Don Quijote añadía nombre, belleza, linaje y distancia. La escena no elimina a ninguna de las dos, pero muestra que solo una de ellas fue construida para responder a las necesidades del caballero.