Literatura y narrativa
La utopía que expulsó a su mejor alumno
Gulliver admira tanto a los Houyhnhnms que quiere quedarse, pero la sociedad racional lo clasifica como riesgo y lo obliga a marcharse.

Cubierta digital de la edición de Project Gutenberg de Los viajes de Gulliver.
Gulliver no es expulsado de Houyhnhnmland por odiar aquel país. Es expulsado por amarlo demasiado desde el cuerpo equivocado.
Al final de su estancia, ha adoptado la lengua, las costumbres y la admiración absoluta por los Houyhnhnms. Quiere vivir allí, aprender de ellos y separarse para siempre de los humanos. A sus propios ojos, ha encontrado una forma superior de razón.
Pero la comunidad que él venera no lo ve como discípulo puro. Lo ve como anomalía. Tiene cuerpo de Yahoo, habla como un Houyhnhnm y posee una mezcla peligrosa: apariencia degradada, capacidad de razón y posibilidad de influencia sobre los Yahoos locales.
La asamblea decide que no puede quedarse. No lo condena por un crimen concreto, ni lo acusa de traición. Lo clasifica. Esa diferencia es importante. Gulliver no queda fuera porque haya roto una norma; queda fuera porque su existencia no encaja en las categorías que sostienen el orden.
Ahí está la perla. Una utopía puede ser hospitalaria con sus principios y hostil con sus excepciones. El sistema racional acepta lo que puede nombrar con estabilidad. Pero Gulliver, justamente por ser intermedio, amenaza la limpieza del esquema.
El golpe satírico es cruel. El viajero ha pasado capítulos denunciando el orgullo, la suciedad y la corrupción humana. Ha querido huir de su especie. Sin embargo, la sociedad que admira no le permite escapar de la clasificación corporal que lo une a los Yahoos.
Su amo Houyhnhnm intenta suavizar la decisión, pero la obedece. La razón comunitaria pesa más que el afecto particular. Gulliver aprende así el reverso de la serenidad Houyhnhnm: una decisión puede ser tranquila, educada y devastadora.
La expulsión también desmonta la fantasía de pertenecer por imitación. Gulliver puede aprender palabras, repetir juicios, despreciar a los suyos y venerar a sus maestros. Nada de eso cambia por completo el modo en que los otros lo leen. La conversión interior no basta para borrar el cuerpo social.
Swift no permite una salida fácil. Si Houyhnhnmland fuera pura perfección, expulsar a Gulliver parecería justicia transparente. Si fuera simple monstruosidad, su expulsión sería solo crueldad. Pero el episodio vive en una zona más incómoda: una sociedad admirable en varios rasgos aplica su orden con una frialdad que deja fuera al devoto más ferviente.
Gulliver quería que la razón lo salvara de ser humano. La razón Houyhnhnm le responde que sigue siendo demasiado Yahoo para quedarse.
La utopía, al final, no expulsa a su enemigo. Expulsa al alumno que más creyó en ella.
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