Literatura y narrativa
La asamblea razonable que pensó una solución monstruosa
Swift muestra que una razón ordenada también puede justificar medidas terribles cuando deja de reconocer al otro.

Cubierta digital de la edición de Project Gutenberg de Los viajes de Gulliver.
Los Houyhnhnms parecen, al principio, la corrección perfecta de los humanos. Son ordenados, tranquilos, sobrios, racionales. No conocen la mentira como costumbre. No se dejan arrastrar por pasiones violentas. Frente a los Yahoos, su dominio parece casi una liberación del caos.
Por eso la asamblea del capítulo IX es tan inquietante. Allí se discute qué hacer con los Yahoos. El problema se plantea con serenidad, sin gritos, sin crueldad teatral, sin retórica inflamatoria. Precisamente por eso duele más: la eliminación puede presentarse con modales impecables.
La propuesta más extrema considera acabar con la especie. Los Yahoos son descritos como sucios, tercos, dañinos, incapaces de gobierno racional. Desde esa mirada, su existencia aparece como una molestia permanente para un orden superior. La pregunta ya no es cómo convivir con ellos, sino cómo resolverlos.
Swift aprieta la paradoja. La razón de los Houyhnhnms no estalla en furia; calcula. Evalúa utilidad, reproducción, riesgo, sustitución. El amo de Gulliver propone una medida menos inmediata que el exterminio: castrar a los jóvenes Yahoos, impedir que se reproduzcan y sustituir poco a poco su trabajo por asnos, animales más dóciles y manejables.
La solución se formula como prudente. No derrama sangre de golpe. No parece vengativa. Parece administrativa, gradual, ordenada. Y ahí está el horror. Una medida puede sonar racional porque está bien organizada, aunque su objeto sea despojar a una especie de futuro.
La perla no es que los Houyhnhnms sean simplemente malvados. Eso sería demasiado cómodo. La perla es que Swift no permite identificar razón con bondad. La razón puede ordenar el cuidado, pero también puede ordenar la exclusión. Puede medir, clasificar, comparar y concluir que ciertos seres sobran.
Gulliver, que ha llegado a despreciar cada vez más a los humanos por parecerse a los Yahoos, queda atrapado en esa lógica. Quiere pertenecer al mundo razonable, pero su propio cuerpo lo delata. Para los Houyhnhnms, él también es una especie de Yahoo refinado. La distancia entre observador y observado se acorta de pronto.
La asamblea muestra una violencia sin espuma emocional. No hay odio desbordado; hay procedimiento. No hay sangre en la sala; hay una decisión posible sobre reproducción, trabajo y sustitución. Swift entiende que algunas crueldades no nacen del descontrol, sino de una claridad demasiado fría.
Eso hace que el episodio sea más difícil que una simple sátira contra la barbarie humana. En Lilliput, la pequeñez política producía castigos grotescos. En Houyhnhnmland, la razón limpia produce otra forma de peligro: una comunidad capaz de hablar de seres vivos como problemas de gestión.
La palabra clave es reconocimiento. Mientras los Yahoos sean solo una plaga, cualquier cálculo parece posible. Pero si se los reconoce como criaturas con algún tipo de vida propia, la ecuación cambia. Swift no los embellece; los pinta desagradables. Justamente por eso la prueba es más dura: la dignidad no puede depender de que el otro nos resulte simpático.
La asamblea razonable enseña que la monstruosidad no siempre entra gritando. A veces llega en forma de propuesta sensata, aprobada por voces tranquilas, con ventajas prácticas y un calendario gradual.
Cuando la razón deja de mirar a quien tiene delante como algo más que un problema, puede volverse impecable y terrible al mismo tiempo.
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