Literatura y narrativa
El Yahoo que sobrevivió a todos los viajes
Gulliver denuncia el orgullo humano, pero su rechazo final de los demás conserva una forma extrema de la misma enfermedad.

Cubierta digital de la edición de Project Gutenberg de Los viajes de Gulliver.
Al final de los viajes, Gulliver cree haber aprendido la gran lección: el orgullo es el vicio humano más insoportable.
La conclusión parece razonable. Ha visto cortes mezquinas, guerras absurdas, ciencia inútil, abogados que oscurecen la verdad, políticos corruptos y Yahoos dominados por apetitos. Desde la distancia Houyhnhnm, la especie humana le parece una versión refinada de la bestia que más desprecia.
Pero Swift no deja que esa denuncia quede limpia. Gulliver vuelve a casa y no puede soportar a su esposa, a sus hijos ni a sus vecinos. El olor humano lo repele. Compra caballos y conversa con ellos durante horas. Trata a los demás como criaturas contaminantes. Su crítica al orgullo se ha convertido en una superioridad nueva.
Ahí está la perla. Se puede odiar el orgullo de los hombres con un orgullo todavía más duro. La misantropía de Gulliver no es humildad; es una forma de separarse del resto para mirar desde arriba.
La ironía es finísima porque Gulliver se cree curado. Piensa que los viajes lo han desengañado. Pero el desengaño no siempre produce sabiduría. A veces produce una identidad más rígida: yo soy el que ve la corrupción de todos. Yo soy el que ya no pertenece. Yo soy el único que entiende.
Swift deja que el narrador se condene con su propia voz. Gulliver habla de virtud, razón y odio al orgullo, pero su conducta doméstica muestra incapacidad de reconocer el bien concreto que tiene delante. Pedro de Mendez lo trató con paciencia y humanidad; su familia lo recibe vivo; aun así, él prefiere el rechazo general.
El problema no es que sus críticas sean falsas. Muchas aciertan. El problema es lo que hace con ellas. Convierte observaciones morales en licencia para despreciar sin medida. La verdad parcial se vuelve veneno total.
El orgullo que denuncia no siempre aparece como vanidad alegre. También puede aparecer como pureza moral. Gulliver ya no presume de riqueza, rango o nación. Presume, de forma más peligrosa, de haber renunciado a todo eso y de estar por encima de quienes aún viven entre humanos.
El último viaje no termina en conocimiento sereno, sino en una fractura. Gulliver ha descubierto demasiado de lo humano para volver inocente, pero no ha aprendido a amar mejor. Su lucidez se queda sin misericordia.
Por eso el cierre de Swift es tan incómodo. No permite escoger entre humanidad complaciente y desprecio absoluto. Obliga a desconfiar de ambos. La crítica de la especie puede ser necesaria, pero cuando pierde compasión se parece demasiado a otra enfermedad de la misma especie.
El Yahoo que sobrevive a todos los viajes no es solo el cuerpo humano que Gulliver desprecia. Es la soberbia que consigue esconderse incluso dentro del discurso contra la soberbia.
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