Dinero y confianza

Cinco caperuzas salieron de un paño por culpa de la desconfianza

Un labrador sospecha que el sastre le robará paño y exige más caperuzas hasta acabar con cinco piezas inútiles.

7 de julio de 20263 min de lecturaRevisión editorial superada

El pleito de las caperuzas empieza con una sospecha pequeña.

El labrador teme que el sastre le robe paño. Para evitarlo, insiste en sacar más y más piezas de la misma tela. El resultado no protege el valor inicial: lo destruye. De un paño útil salen cinco caperuzas ridículas.

La Perla está ahí: la desconfianza puede arruinar justo aquello que intenta proteger.

Cervantes convierte un conflicto económico mínimo en parábola de mala vigilancia. El labrador no quiere ser engañado, y ese temor es comprensible. Pero su prevención se vuelve torpe. Al exigir demasiado de la tela, impide que la tela cumpla bien su función.

Sancho, como juez, ve el mecanismo. No necesita grandes tratados para entender que una cosa puede dividirse hasta perder sentido. El valor no siempre se conserva multiplicando resultados visibles. A veces se diluye.

La escena tiene una comicidad material estupenda. Las caperuzas existen, pero existen mal. Son prueba de obediencia literal y de fracaso práctico. El sastre cumple la demanda, y precisamente al cumplirla muestra su absurdo.

El pleito enseña que no toda garantía aumenta seguridad. Algunas garantías, nacidas del miedo, deforman el bien que querían salvar.

Cinco caperuzas salieron de un paño por culpa de la desconfianza porque Cervantes sabía que la sospecha sin medida puede convertir una posible pérdida en una pérdida segura.

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