Dinero y confianza
Sancho convirtió el desencanto de Dulcinea en trabajo a jornal
Sancho negocia cada azote a precio fijo y acaba pegando a los árboles mientras cobra de Don Quijote.
Sancho encuentra al fin una forma aceptable de cumplir la penitencia: cobrarla.
Negocia cada azote a precio fijo y convierte el desencanto de Dulcinea en trabajo a jornal. Lo que empezó como sacrificio mágico termina como contrato laboral con cálculo, tarifa y resultado fingido.
La Perla está ahí: Sancho traduce la magia al lenguaje del salario.
Cervantes lleva al extremo la inteligencia práctica del escudero. Si su cuerpo debe pagar una deuda ajena, al menos intentará ponerle precio. La penitencia deja de ser pura obediencia y se convierte en negociación económica.
La escena es muy cómica porque Sancho incluso desplaza el castigo hacia los árboles. Cobra por un dolor que administra, simula y reduce. Don Quijote oye golpes y cree avanzar hacia el desencanto; Sancho protege su piel y asegura ganancia.
Pero debajo de la risa hay una verdad constante: Sancho no acepta fácilmente que su cuerpo sea moneda gratuita. Si otros quieren convertirlo en instrumento de salvación, él responde convirtiendo el instrumento en trabajo pagado.
La fantasía de Don Quijote necesita números; Sancho se los da, pero a su favor.
Sancho convirtió el desencanto de Dulcinea en trabajo a jornal porque Cervantes sabía que la gente práctica, cuando no puede impedir una obligación absurda, intenta al menos cobrarla, tasarla y hacerla menos dañina para su cuerpo.
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