Lenguaje y símbolos
Don Quijote comparó traducir con mirar un tapiz flamenco por el revés
Don Quijote compara la traducción de lenguas vulgares con ver figuras llenas de hilos por el reverso.

Ilustración pública incluida en el capítulo 62 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Traducir era mirar un tapiz flamenco por el revés» porque pertenece al mismo capítulo.
Don Quijote piensa la traducción con una imagen visual inolvidable.
Traducir de lenguas vulgares se parece, dice, a mirar un tapiz flamenco por el revés: se ven las figuras, pero llenas de hilos que oscurecen la lisura del original. La copia conserva forma y pierde transparencia.
La idea central está ahí: la traducción aparece como imagen reconocible, pero con costuras visibles.
Cervantes no desprecia simplemente al traductor. Más bien muestra la dificultad del traslado. Una obra puede pasar de una lengua a otra, pero no pasa intacta. Arrastra hilos, nudos, decisiones y marcas de mediación.
El tapiz es una metáfora exacta porque conserva la relación entre belleza y trabajo oculto. Por delante, el original parece continuo. Por detrás, el trabajo se ve en su complejidad. La traducción deja ver algo de ese reverso: el esfuerzo que sostiene la figura.
La escena tiene una resonancia especial dentro del Quijote, obra que juega desde el principio con manuscritos, traducciones, Cide Hamete y mediadores. Nada llega sin pasar por manos intermedias.
Traducir no destruye la imagen, pero la vuelve menos lisa.
Traducir era mirar un tapiz flamenco por el revés porque Cervantes sabía que cambiar de lengua permite reconocer una obra, pero también muestra los hilos que el lector del original quizá nunca quiso ver.