Lenguaje y símbolos
Don Antonio colgó un rótulo a Don Quijote y convirtió su cuerpo en anuncio
Don Antonio hace pasear a Don Quijote con un rótulo que lo identifica, y la multitud se agolpa para leerlo.

Ilustración pública incluida en el capítulo 62 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Don Quijote se volvió cartel ambulante» porque pertenece al mismo capítulo.
En Barcelona, Don Quijote ya no necesita presentarse hablando.
Don Antonio le cuelga un rótulo que lo identifica, y la multitud se agolpa para leerlo. El personaje impreso acaba convertido en texto sobre su propio cuerpo. Su fama se vuelve cartel ambulante.
La idea central está ahí: Don Quijote, que vive de libros, termina leído como si él mismo fuera una página.
Cervantes crea una imagen potentísima de celebridad moderna. La gente no se acerca solo a mirar al hombre, sino a leer el nombre que lo convierte en personaje reconocible. El rótulo traduce cuerpo en marca pública.
La escena es divertida y algo cruel. Don Quijote queda expuesto como objeto de curiosidad. La ciudad lo consume visualmente. El texto que cuelga de él permite a cualquiera identificarlo sin conocerlo realmente.
También hay una paradoja literaria preciosa. Don Quijote nació de lecturas, se hizo famoso por una primera parte impresa y ahora camina bajo una inscripción que lo devuelve al mundo de la letra. La fama lo textualiza.
El caballero buscaba aventuras; Barcelona le ofrece público. Buscaba hechos; recibe lectura.
Don Quijote se volvió cartel ambulante porque Cervantes sabía que la fama convierte a una persona en un signo que otros pueden leer, repetir y señalar incluso antes de escuchar su voz.