Psicología y cognición
Sancho comprobó a los demonios con las manos y el olfato
Sancho puso a prueba el supuesto encantamiento tocando a los enmascarados y comparando el olor esperado de un demonio con el perfume de don Fernando.

Sancho reconoce cuerpos conocidos detrás de los supuestos demonios porque puede tocarlos, oírlos y olerlos; Gustave Doré, 1863.
Durante el viaje de regreso, Don Quijote observa una anomalía dentro de su propia explicación. Los caballeros encantados de sus libros solían viajar por los aires, sobre nubes o carros de fuego; él, en cambio, avanza lentamente dentro de una jaula tirada por bueyes. La diferencia lo inquieta, pero no abandona la idea del encantamiento. Supone que las costumbres de los encantadores han cambiado con el tiempo.
Sancho parte de otra clase de duda. Ha reconocido voces y cuerpos bajo los disfraces, y afirma que aquellas visiones no le parecen enteramente fiables. Don Quijote le responde que los demonios pueden adoptar cuerpos fantásticos y lo anima a tocarlos. El escudero acepta el experimento: dice haber palpado a los supuestos encantadores y haber comprobado que uno de ellos tiene mucha carne, una propiedad demasiado ordinaria para una figura sobrenatural.
El olfato aporta una segunda prueba. Sancho recuerda que los demonios suelen asociarse con azufre y malos olores, mientras el personaje al que ha tocado huele a ámbar desde gran distancia. El narrador permite identificarlo: es don Fernando, perfumado según la costumbre de su condición. La discrepancia entre el cuerpo presente y la teoría mágica queda así expuesta mediante datos inmediatos que cualquiera podría comprobar.
Sin embargo, el experimento no convence a Don Quijote. Él incorpora también el perfume a la explicación: los encantadores, dice, habrán querido engañar a Sancho con un olor agradable. La escena no presenta al escudero como un racionalista perfecto; su prueba es cómica, parcial y todavía convive con otras credulidades. Lo que sí muestra es un contraste estable: Sancho empieza por tocar y oler, mientras su amo protege la teoría modificándola cada vez que la experiencia la contradice.