Psicología y cognición
Sancho rechazaba los encantamientos cuando reconocía a sus agresores
La memoria del cuerpo le da a Sancho un criterio sencillo: reconocer al agresor vuelve inútil la explicación mágica.

Sancho es manteado en la venta; ilustración de una edición mexicana de 1842.
Sancho no rechaza todos los encantamientos. Esa precisión importa. Cuando don Quijote atribuye a la magia que un gigante resulte ser un cuero de vino y que una princesa vuelva a llamarse Dorotea, su escudero admite que podría creerlo. El límite aparece al recordar el manteo sufrido en la misma venta: allí reconoció al ventero sujetando un extremo de la manta.
El argumento de Sancho es elemental y, por eso, resistente. Si puede identificar a la persona, recordar la risa, la fuerza y el movimiento que lo lanzaba al aire, no necesita un agente invisible. En su formulación, donde interviene el conocimiento de las personas no hay encantamiento, sino golpes y mala fortuna. No está construyendo una teoría general del mundo; está defendiendo la evidencia de una experiencia corporal.
Don Quijote opera de otro modo. La explicación mágica absorbe las contradicciones y mantiene unido su relato. La de Sancho empieza por una excepción concreta: esto no, porque yo vi quién lo hizo y todavía sé lo que me dolió. Su memoria no es una crónica imparcial. Está cargada de humillación, pero precisamente esa carga impide que el episodio se vuelva una aventura elegante.
La comicidad del manteo suele colocarnos fuera de la manta, junto a quienes miran. Sancho obliga a cambiar de posición. Para los demás fue una diversión; para él fue “molimiento”. La palabra devuelve peso a un cuerpo que la escena había convertido en objeto que sube y baja. Reconocer al ventero también distribuye responsabilidad: ya no ocurrió algo misterioso, sino que unas personas hicieron algo a otra.
Puede leerse aquí una forma mínima de empirismo popular. Sancho no exige comprender todo para negar una explicación. Le basta con conservar un dato que el relato de su amo no puede borrar sin violencia: vio una cara conocida al otro extremo de la manta. Frente a una teoría capaz de explicarlo todo, el cuerpo conserva el derecho a decir que aquello ocurrió de verdad.