Comedia e historia del humor
Sancho desconfiaba de la Dueña Dolorida antes de escuchar su petición
Sancho teme que la Dueña Dolorida estorbe su gobierno y generaliza contra todas las dueñas.

Ilustración pública incluida en el capítulo 37 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Sancho sospechaba de las dueñas antes de oírlas» porque pertenece al mismo capítulo.
Antes de que la Dueña Dolorida explique su caso, Sancho ya está a la defensiva.
No la juzga por lo que ha dicho, sino por lo que representa. Las dueñas, para él, vienen cargadas de problemas, estorbos y complicaciones. Su futuro gobierno parece amenazado por una figura doméstica antes incluso de escucharla.
La idea central está ahí: Sancho convierte un cargo de palacio en amenaza política.
Cervantes hace comedia con un prejuicio. Sancho habla desde una experiencia social limitada, llena de refranes, sospechas y generalizaciones. No analiza a esa mujer concreta: la mete en una categoría previa y responde a la categoría.
La escena revela cómo funciona el miedo del escudero. Sancho desea la ínsula, pero teme todo lo que pueda retrasarla, ensuciarla o complicarla. La Dueña Dolorida aparece entonces como obstáculo antes que como persona afligida.
También hay sátira del lenguaje cortesano. Las dueñas pertenecen al mundo doméstico noble, a sus protocolos, secretos y jerarquías. Para Sancho, que mira desde abajo, ese mundo huele a lío. No lo domina y por eso lo caricaturiza.
La gracia está en que su prejuicio no nace de teoría refinada, sino de defensa práctica: todo lo que no entiende puede costarle el gobierno prometido.
Sancho sospechaba de las dueñas antes de oírlas porque Cervantes sabía que quien espera subir de estado empieza a temer cualquier figura que parezca capaz de mover los hilos de una casa ajena.