Comedia e historia del humor
La falsa invasión de Barataria le ata entre dos paveses hasta dejarlo sin rodillas ni movimiento
A Sancho lo arman deprisa, lo encajan entre dos paveses y lo dejan casi sin rodillas ni movimiento. El gobernador queda convertido en una especie de galápago humano: protegido en apariencia, inútil en la práctica.

Ilustración pública incluida en el capítulo 53 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Sancho fue armado gobernador como un galápago entre tablas» porque pertenece al mismo capítulo.
La guerra de Barataria empieza como otra burla organizada.
A Sancho lo arman deprisa, lo encajan entre dos paveses y lo dejan casi sin rodillas ni movimiento. El gobernador queda convertido en una especie de galápago humano: protegido en apariencia, inútil en la práctica.
La idea central está ahí: la guerra fingida revela físicamente la impotencia del cargo.
Cervantes desmonta el poder de Sancho por el cuerpo. Hasta entonces había juzgado, dictado ordenanzas y resistido al médico. Pero cuando llega el supuesto ataque, otros lo visten, lo atan, lo empujan y lo usan como pieza de escena.
La armadura debería darle autoridad defensiva. En realidad, le quita movilidad. La protección se vuelve prisión. Sancho no manda la batalla; la padece desde dentro de un dispositivo ridículo.
La imagen es cómica, pero muy exacta: muchas estructuras pensadas para defender también pueden inmovilizar. El cargo, que prometía poder, termina mostrando su reverso material. Sancho es gobernador, pero no controla ni su propio desplazamiento.
La burla culmina haciendo que el cuerpo entienda antes que la cabeza. Barataria no era gobierno pleno; era escenario donde otros movían las tablas.
Sancho fue armado gobernador como un galápago entre tablas porque Cervantes sabía que una autoridad falsa se descubre cuando, en la primera crisis, el supuesto mando no puede ni doblar las rodillas.