Medicina e higiene
Sancho negoció que los azotes para desencantar a Dulcinea fueran soportables
Sancho acepta algunos azotes de mano y pide una disciplina acomodada a la ternura de sus carnes.

Ilustración pública incluida en el capítulo 36 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Sancho buscó una tecnología del dolor tolerable» porque pertenece al mismo capítulo.
Sancho no rechaza la penitencia de forma absoluta; intenta hacerla soportable.
Ante la duquesa, admite algunos azotes de mano, pero cuando se habla de disciplina busca una que se acomode a la ternura de sus carnes. La escena vuelve a convertir la gran empresa del desencanto en administración minuciosa del dolor.
La idea central está ahí: Sancho obedece buscando una tecnología del daño tolerable.
Cervantes entiende que el sufrimiento no es una idea general para quien debe recibirlo. Importan el instrumento, la fuerza, la duración, la cuenta y la piel concreta. Don Quijote piensa en Dulcinea; Sancho piensa en el impacto.
La frase sobre sus carnes tiene una comicidad corporal maravillosa. Sancho no habla como héroe sacrificial, sino como dueño de un cuerpo sensible. No quiere negar del todo el mandato, pero tampoco dejar que otros definan el dolor desde fuera.
Ahí aparece una resistencia humilde. Cuando no puede discutir el teatro entero de los duques, discute el método. No impugna el encantamiento con filosofía; pide una herramienta menos cruel.
La escena revela lo injusto de toda penitencia impuesta: quienes la justifican suelen mirar el fin, no la carne que paga el medio.
Sancho buscó una tecnología del dolor tolerable porque Cervantes sabía que el cuerpo del pobre no vive las grandes causas como símbolo, sino como golpe medible, negociable y temido.