Lenguaje y símbolos
El escudero del Bosque usa un elogio grosero sobre Sanchica, y Sancho exige hablar comedidamente de ella y de Teresa
El escudero del Bosque habla de la hija de Sancho con un elogio torcido, de esos que parecen alabar mientras ensucian.

Sancho defiende la honra de su hija durante la conversación con el otro escudero.
El escudero del Bosque habla de la hija de Sancho con un elogio torcido, de esos que parecen alabar mientras ensucian.
Sancho reacciona de inmediato. Exige que se hable con comedimiento de Sanchica y de Teresa. No acepta que la familiaridad, la broma o el vino autoricen una palabra baja sobre las mujeres de su casa.
La idea central está ahí: Sancho, tantas veces ridículo, entiende muy bien cuándo una alabanza deja de honrar.
La escena muestra su sentido de la dignidad familiar. Sancho puede bromear sobre casi todo, puede hablar de dinero, comida, palos y asnos. Pero hay un límite: la honra de su mujer y de su hija no es materia para deslenguados.
Cervantes da aquí a Sancho una firmeza clara. No responde con gran discurso noble, sino con una corrección inmediata del lenguaje. Quiere que se hable bien, con medida, sin convertir el elogio en grosería.
Eso importa porque la honra no está solo en los hechos, sino también en las palabras que circulan. Una frase sucia puede manchar aunque se disfrace de celebración.
Sancho defiende a Sanchica y a Teresa porque sabe que el lenguaje público protege o expone. Su casa pobre también merece respeto verbal.
Y ahí el escudero se vuelve grande: no por gobernar una ínsula, sino por poner frontera donde la burla quiere pasar por cariño.