Comedia e historia del humor
La nariz monstruosa del escudero del Bosque aterroriza a Sancho, pero luego aparece guardada como máscara
Sancho se enfrenta a un enemigo que no necesita espada para vencerlo: una nariz descomunal.

Ilustración pública de la misma parte y capítulo de Don Quijote (parte 2, capítulo 14). El Caballero de los Espejos se enfrenta a Don Quijote antes de revelarse la verdad.
Sancho se enfrenta a un enemigo que no necesita espada para vencerlo: una nariz descomunal.
El escudero del Bosque aparece con una nariz tan enorme que Sancho queda sobrecogido. La amenaza no está en la fuerza del adversario, sino en la apariencia. La máscara produce miedo antes de que haya combate.
La idea central está ahí: a veces el terror nace de una prótesis antes que de un peligro real.
Cervantes convierte la escena en una burla perfecta de la valentía escuderil. Sancho no calcula estrategia ni honra; calcula distancia. Aquella nariz le basta para preferir retirarse, subirse a un árbol y mirar desde lugar seguro.
Después, la nariz aparece como lo que era: un artificio, una pieza guardada. El monstruo se desmonta. Lo que parecía rasgo natural era objeto teatral.
La escena dialoga con todo el capítulo anterior de las apariencias. Don Quijote había aprendido que conviene tocar lo que se ve para dar lugar al desengaño. Sancho, ante las narices, experimenta lo mismo por la vía del susto: la apariencia puede dominar el ánimo antes de ser verificada.
El humor funciona porque el miedo de Sancho es real aunque el objeto sea falso. Que la nariz sea de pasta no elimina el temblor que produjo. Cervantes entiende que las ficciones actúan sobre el cuerpo antes de ser corregidas por la razón.
Sancho casi perdió una batalla contra unas narices de pasta porque el miedo no siempre espera a que comprobemos la verdad. A veces obedece a la primera imagen.