Filosofía práctica
Sancho reconoce que su amo está loco, pero lo defiende porque no tiene malicia y quiere hacer bien a todos
Pero también sabe otra cosa: su amo no tiene malicia. Lo defiende porque, aunque vive equivocado, quiere hacer bien a todos. Sancho resume esa bondad con una imagen doméstica y transparente: tiene alma como un cántaro.

Sancho explica al otro escudero por qué ama a Don Quijote a pesar de sus locuras.
Sancho sabe que Don Quijote está loco. No necesita que nadie se lo explique.
Pero también sabe otra cosa: su amo no tiene malicia. Lo defiende porque, aunque vive equivocado, quiere hacer bien a todos. Sancho resume esa bondad con una imagen doméstica y transparente: tiene alma como un cántaro.
La idea central está ahí: Sancho distingue entre estar errado y ser malo.
Esa distinción sostiene buena parte de la ternura del Quijote. Don Quijote causa problemas, se equivoca, arrastra a otros y se mete en daños. Pero su impulso no nace de crueldad, sino de una idea torpe y elevada de justicia.
Sancho lo ve desde cerca. Conoce sus disparates y sus peligros, pero también su fondo. No lo reduce a la locura, porque ha visto su intención. Esa mirada es una forma de amistad.
El cántaro sugiere sencillez, limpieza y capacidad de contener. No es una imagen cortesana ni heroica; es una imagen de casa. Sancho traduce la bondad de su amo al idioma de los objetos humildes.
Cervantes permite así que el escudero sea juez compasivo. Puede reírse de Don Quijote y, al mismo tiempo, defenderlo. Puede admitir la locura sin negar la nobleza.
Sancho amaba a Don Quijote porque sabía que la bondad torpe sigue siendo bondad. Y en una novela llena de disfraces, burlas y engaños, esa lectura del corazón importa mucho.