Comedia e historia del humor
Preguntado por el primer volteador del mundo, Sancho responde que Lucifer al caer del cielo
El primo humanista plantea una pregunta de apariencia erudita: quién fue el primer volteador del mundo.

Ilustración pública de la misma parte y capítulo de Don Quijote (parte 2, capítulo 22). Don Quijote baja a la cueva de Montesinos atado con cuerdas.
El primo humanista plantea una pregunta de apariencia erudita: quién fue el primer volteador del mundo.
La cuestión suena inútil y solemne a la vez. Sancho responde con una salida inesperada: Lucifer, cuando cayó del cielo. La broma funciona porque convierte una necedad académica en una imagen teológica perfecta.
La idea central está ahí: Sancho desmonta una pregunta absurda con una respuesta más brillante que la pregunta.
No necesita aparato de libros para vencer en ingenio. Donde el primo busca rarezas dignas de tratado, Sancho encuentra un mito que todos entienden. Si voltear es caer dando vueltas, nadie más grande que Lucifer en su caída.
Cervantes se ríe así de cierta erudición ociosa: preguntas que parecen profundas solo porque vienen envueltas en nombres y clasificación. Sancho, desde su habla popular, encuentra una respuesta más económica, visual y contundente.
La escena también muestra una forma de inteligencia cómica. Sancho no sabe menos por no hablar como letrado. Sabe de otra manera: une imagen, relato común y oportunidad verbal.
El chiste no es solo ocurrencia. Es crítica literaria en miniatura. Frente al exceso de curiosidad inútil, la imaginación popular produce una síntesis inmediata.
Sancho contestó una necedad erudita con un mito perfecto porque Cervantes sabía que, a veces, el mejor saber no consiste en acumular datos, sino en dar con la imagen que deja sin aire a la pregunta.