Rituales y sociedad
Los duques toman la cueva de Montesinos como motivo y ordenan una burla con apariencia de aventura caballeresca
La organizan. Toman materiales de sus historias, aprovechan la cueva de Montesinos y preparan una burla con aparato, criados, tiempos y efectos. La fantasía deja de ser solo error privado y se convierte en producción cortesana.

Los duques convierten el bosque en una escena sensorial de música, luces y carros.
Los duques no se limitan a mirar la locura de Don Quijote.
La organizan. Toman materiales de sus historias, aprovechan la cueva de Montesinos y preparan una burla con aparato, criados, tiempos y efectos. La fantasía deja de ser solo error privado y se convierte en producción cortesana.
La idea central está ahí: la aristocracia fabrica aventura con presupuesto y personal.
Cervantes vuelve más oscuro el juego. Antes, Don Quijote confundía el mundo por su cuenta. Ahora otros construyen deliberadamente un mundo confundible. Los duques conocen su debilidad y la alimentan con recursos superiores a los de cualquier venta o camino.
La burla parece aventura porque está diseñada para responder a sus expectativas. Hay misterio, mensajeros, teatralidad y promesa de revelación. Todo lo que para Don Quijote funciona como signo caballeresco es usado por personas cuerdas para encerrarlo mejor en su papel.
La escena obliga a repartir responsabilidades. La locura del caballero es real, pero también es real la crueldad de quienes la convierten en entretenimiento refinado. No basta con decir que Don Quijote se engaña: hay que mirar quién gana placer organizando el engaño.
La corte aparece como gran máquina teatral. Puede hacer que la ficción tenga mobiliario, voces y autoridad.
Los duques diseñaron una burla que pareciera aventura porque Cervantes vio que el poder no solo domina por fuerza: también domina montando escenarios donde otros creen actuar libremente.