Psicología y cognición
Gulliver volvió hacia quienes lo hirieron antes que aceptar un rescate europeo
Tras recibir una flecha, regresó a la misma costa para esconderse de un barco europeo; la conducta de Pedro de Méndez contradijo su rechazo total.
Después de ser expulsado del país de los Houyhnhnms, Gulliver no busca regresar a Europa. Su plan es encontrar una isla deshabitada donde pueda vivir solo, conservar sus pensamientos y evitar cualquier contacto con los humanos que ya clasifica como Yahoos. La soledad le parece preferible incluso al cargo más importante de una corte europea.
Al llegar a la costa de Nueva Holanda encuentra habitantes locales. Cuando intenta retirarse en su canoa, una flecha le hiere profundamente la rodilla. Gulliver teme que esté envenenada, se aleja y cura la herida como puede. El peligro es inmediato y corporal, pero no modifica su jerarquía de temores.
Poco después divisa una vela europea. Podría esperar ayuda, pero su repugnancia hacia la humanidad pesa más que la herida recién recibida. Da la vuelta, regresa a la misma ensenada y se esconde cerca de quienes lo atacaron. El propio narrador afirma que prefiere confiarse a ellos antes que vivir con Yahoos europeos.
La comparación revela el estado de su juicio. El ataque de la costa cabe dentro de una categoría externa: son personas desconocidas a las que Gulliver ya ha definido con el vocabulario colonial de su tiempo. La ayuda europea resulta más amenazante porque puede obligarlo a reconocer una continuidad entre él y quienes vienen a rescatarlo.
Los marineros portugueses lo encuentran y reaccionan con humanidad. Le hablan en una lengua que conoce, ofrecen llevarlo gratis a Lisboa y prometen que desde allí podrá volver a su país. Gulliver pide que lo dejen marchar. Cuando intenta regresar a la canoa, lo sujetan y finalmente lo trasladan al barco contra su voluntad.
El capitán Pedro de Méndez profundiza la contradicción. Es cortés, generoso, le ofrece comida, vino, una cama limpia y el mismo trato que recibiría él. Gulliver responde con silencio y repugnancia; el olor de los hombres le resulta insoportable. Más tarde intenta arrojarse al mar antes que permanecer entre ellos y debe ser detenido.
Pedro no devuelve desprecio por desprecio. Pregunta por su historia, escucha una explicación que parece delirante y sigue intentando protegerlo. Gulliver acaba concediéndole una mínima porción de razón, una fórmula que revela cuánto necesita reducir la humanidad de quien lo trata bien para conservar intacta su teoría.
La bondad del capitán no convierte automáticamente a Europa en una sociedad justa ni borra la violencia colonial presente en el vocabulario del relato. Sí invalida una afirmación total. Un europeo concreto actúa con paciencia y cuidado cuando Gulliver se muestra hostil, desaliñado y dispuesto a morir.
La flecha hiere su rodilla; el rescate hiere la identidad que había construido. El primer daño confirma que el mundo es peligroso. El segundo demuestra que una persona incluida dentro de la categoría que desprecia puede comportarse mejor que él. Por eso Gulliver intenta escapar de Pedro con más desesperación que de quienes acababan de atacarlo.
Su regreso forzado no comienza con una reconciliación. Comienza con una contradicción que ya no puede eliminar: necesita la ayuda de un Yahoo europeo y la recibe de alguien cuya conducta no se parece al retrato absoluto que lleva consigo.
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