Música y sonido
Gulliver fabricó un peine con barba del rey y sillas con cabello de la reina
En Brobdingnag, la escala gigante convirtió restos cortesanos en materia prima: pelos de barba para un peine, cabello para sillas y una bolsa, y un instrumento que solo podía tocarse corriendo sobre el teclado.

Ilustración de apertura del capítulo VI, donde Gulliver fabrica objetos con barba y cabello y adapta una espineta gigante. Contextualiza el capítulo, pero no representa necesariamente los tres experimentos materiales.
En Brobdingnag, Gulliver no puede comprar una versión pequeña de cada objeto que necesita. Los artesanos locales trabajan para cuerpos gigantes y carecen de herramientas adecuadas para fabricar dientes de peine, asientos o utensilios a su escala. La supervivencia cotidiana exige traducir materiales enormes a funciones diminutas.
La primera solución aparece durante el afeitado del rey. La navaja le parece a Gulliver casi dos veces más larga que una guadaña ordinaria. Pide al barbero un poco de espuma usada y extrae de ella cuarenta o cincuenta de los pelos más fuertes de la barba real.
Con una pieza fina de madera fabrica el lomo de un peine. Practica agujeros a distancias regulares utilizando la aguja más pequeña que puede conseguir de Glumdalclitch. Después raspa y afila los fragmentos de barba con su cuchillo y los introduce como dientes. El resultado es suficientemente bueno para sustituir su peine roto.
La operación altera la categoría del material. Un residuo del afeitado del rey se convierte en una pieza rígida de uso doméstico. Lo que para un brobdingnagiano es pelo, para Gulliver posee el grosor y la resistencia de una pequeña clavija.
El éxito le sugiere otros trabajos. Pide a una criada que guarde los cabellos que la reina pierde durante el peinado. Con ayuda del ebanista de palacio encarga dos armazones de silla adaptados al tamaño de su caja. El artesano perfora el respaldo y el asiento; Gulliver selecciona los cabellos más fuertes y los entreteje como si fueran tiras de caña.
Las sillas se convierten en curiosidades del gabinete real. La reina quiere verlo sentado en una de ellas, pero Gulliver se niega. Declara que preferiría morir antes que apoyar una parte deshonrosa de su cuerpo sobre los cabellos que adornaron la cabeza de su majestad.
La respuesta mezcla habilidad material y reverencia cortesana. Gulliver ha tratado el cabello como fibra de construcción, pero una vez terminado el objeto vuelve a sacralizar su origen. Puede tejer la materia real; no puede admitir públicamente que una silla sirve para sentarse sobre ella.
Con el mismo cabello fabrica una pequeña bolsa, de unos cinco pies de longitud según la escala del país, y borda el nombre de la reina en letras de oro. La entrega a Glumdalclitch con permiso real. La bolsa resulta más ornamental que útil porque no soporta el peso de las monedas gigantes. La adaptación conserva la forma inglesa, pero la economía material de Brobdingnag limita su función.
El capítulo incluye además un experimento musical que a veces puede confundirse con estos objetos de cabello, aunque utiliza otro método. Gulliver no fabrica música con los pelos del rey o de la reina. Intenta tocar una espineta de casi sesenta pies de longitud, cuyas teclas miden cerca de un pie de ancho.
Sus brazos no alcanzan más de cinco teclas y sus dedos no pueden hundirlas con normalidad. Prepara entonces dos palos redondos, más gruesos en un extremo, y cubre las puntas con piel de ratón para no dañar el instrumento ni estropear el sonido. Colocado sobre un banco, corre lateralmente y golpea las teclas necesarias para ejecutar una giga.
