Psicología y cognición
Tras su derrota, Don Quijote reconoció por primera vez un mesón sin convertirlo en castillo
Tras la derrota, Don Quijote ya no toma el alojamiento por castillo de puente levadiza.

Ilustración pública de la misma parte y capítulo de Don Quijote (parte 2, capítulo 72). La lámina abre el capítulo 72, donde Don Álvaro Tarfe reconoce que este Don Quijote y este Sancho no son los personajes apócrifos que había conocido.
Al final del camino, Don Quijote vuelve a nombrar bien una cosa pequeña.
Llega a un alojamiento y no lo convierte en castillo. Reconoce el mesón como mesón. Después de tantas transformaciones imaginarias, esa aceptación tiene más peso del que parece.
La idea central está ahí: la derrota le devuelve una parte mínima pero decisiva del juicio: nombrar lo ordinario.
Cervantes no presenta la vuelta a la cordura como un rayo repentino. Antes de la enfermedad final, aparecen señales discretas. Una de ellas es lingüística. La palabra deja de vestir el mundo con armadura caballeresca y permite que lo común se quede común.
Un mesón no necesita puente levadiza, damas ni ceremonias. Basta que sea mesón. Don Quijote, que tantas veces había impuesto un género literario sobre la realidad, empieza a soltar esa imposición.
La escena es pequeña porque la transformación de la conciencia no siempre llega en grandes discursos. A veces empieza por una corrección humilde: esto no es castillo, esto es lo que todos ven.
Nombrar bien no cura todo, pero abre una grieta en el encantamiento personal.
Don Quijote reconoció por fin un mesón como mesón porque Cervantes sabía que volver a la realidad puede empezar con una palabra sencilla que deja de exagerar el mundo.