Rituales y sociedad

Un estandarte con un asno puso en marcha a todo un pueblo

El pueblo del rebuzno sale armado bajo una insignia de asno porque una burla se volvió afrenta pública.

7 de julio de 20263 min de lecturaRevisión editorial superada
Grupo reunido en torno a un estandarte con un asno dibujado.

El estandarte con un asno moviliza al pueblo del rebuzno.

Crédito
Gustave Doré, ilustración vía Project Gutenberg

La burla del rebuzno ya no es solo burla.

Cuando el pueblo sale armado, lo hace bajo una insignia con un asno. Lo que empezó como chanza se ha convertido en emblema. La ofensa ha encontrado bandera, y al encontrar bandera ya puede reunir cuerpos, voces y armas.

La Perla está ahí: una comunidad humillada puede organizar su vergüenza como si fuera ejército.

Cervantes capta el paso peligroso entre risa y movilización. Un rebuzno imitado puede parecer poca cosa, pero si se interpreta como desprecio colectivo deja de ser ruido y se vuelve símbolo. Entonces ya no se discute el hecho: se defiende la identidad.

El estandarte del asno tiene una fuerza cómica evidente. Es absurdo que un animal asociado a la torpeza presida una expedición de honor. Pero precisamente por eso funciona: la imagen revela sin solemnidad lo que mueve a los hombres. Pelean por no quedar reducidos a caricatura.

La escena no ridiculiza solo al pueblo. Ridiculiza el mecanismo por el que una ofensa pequeña, repetida y compartida, puede crecer hasta pedir reparación pública. La bandera no crea la ira; la ordena.

Ahí está la inteligencia de Cervantes: muestra cómo una identidad puede nacer no de lo que se ama, sino de aquello por lo que uno se siente burlado.

Un estandarte con un asno puso en marcha a todo un pueblo porque la vergüenza, cuando encuentra símbolo, deja de ser sentimiento y empieza a comportarse como política.

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