Filosofía práctica

Sansón quiso curar a Don Quijote venciéndolo dentro de su propio juego

El plan de Sansón, el cura y el barbero consiste en dejarlo salir, derrotarlo como caballero y encerrarlo por obediencia caballeresca.

7 de julio de 20263 min de lecturaRevisión editorial superada
Sansón Carrasco y Tomé Cecial conversan tras el episodio del Caballero de los Espejos.

Sansón Carrasco aparece con Tomé Cecial después del mal resultado de su plan.

Crédito
Gustave Doré, ilustración vía Project Gutenberg

Sansón Carrasco no intenta curar a Don Quijote contradiciéndolo desde fuera.

Su plan es más sutil: dejarlo salir, entrar en su propio juego, vencerlo como caballero y obligarlo, por obediencia caballeresca, a volver a casa. La cura se diseña como una derrota aceptable dentro de la ficción del enfermo.

La Perla está ahí: a veces se intenta desactivar una ilusión usando sus propias reglas.

El cura, el barbero y Sansón comprenden que discutir directamente con Don Quijote sirve de poco. Su mundo es demasiado resistente. Por eso fabrican una estrategia interna: si cree en desafíos, habrá desafío; si respeta vencimientos, habrá vencimiento; si obedece condiciones caballerescas, se le impondrá una condición.

La idea parece inteligente, casi terapéutica. No ataca la creencia frontalmente, sino que busca conducirla hacia un resultado práctico. El problema es que entrar en una ficción también significa exponerse a sus riesgos.

Sansón se disfraza para dominar el juego, pero el juego lo derrota. Creía controlar el teatro; acaba derribado en él.

Cervantes muestra así una verdad inquietante: usar el lenguaje de una locura para curarla puede volverse una forma de participar en ella. El remedio adopta la estructura de la enfermedad.

Sansón quiso curar a Don Quijote venciendo dentro de su propio juego, pero descubrió que un juego no se controla solo por conocer sus reglas. También hay azar, cuerpos, caballos y orgullo.

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