Alimentos e historia
Sancho separó las alforjas por clase social
Sancho promete llevar fruta seca para Don Quijote y comida más sustanciosa para sí mismo, porque él no es caballero.
Sancho entiende la aventura también como despensa.
En el capítulo X, después de golpes, promesas y discusiones sobre caminos, aparece una observación muy suya: conviene llevar alforjas bien provistas. Pero Sancho no piensa en una comida igual para todos. Propone fruta seca para Don Quijote y alimentos más sustanciosos para sí mismo, porque él no está obligado a vivir como caballero andante.
La escena parece un chiste de hambre, pero es una pequeña teoría social.
La Perla está ahí: Sancho separa la dieta según el papel que cada uno ocupa en la ficción.
Don Quijote puede sostener un ideal de austeridad caballeresca porque su identidad necesita parecerse a los libros. Sancho no tiene por qué pagar ese coste simbólico. Él no es caballero, no busca la misma fama y no quiere que el hambre se vuelva virtud. Su cuerpo no acepta las reglas heroicas de su amo.
Las alforjas se convierten así en un mapa de clase y de función. Para el caballero, comida ligera, compatible con la imagen elevada. Para el escudero, comida sólida, útil, pegada al trabajo y al camino. Sancho sabe que la aventura se aguanta mejor con provisiones.
Cervantes vuelve a hacer lo que mejor sabe: poner una gran diferencia moral dentro de un objeto humilde. Las alforjas no son solo alforjas. Son la discusión entre ideal y necesidad, entre honor y estómago, entre quien puede decir que no se queja y quien pregunta si tiene derecho a dolerse.
Sancho no destruye el mundo de Don Quijote. Lo acompaña. Pero lo acompaña con comida propia. Esa distancia lo salva como personaje. No se disuelve en la fantasía de su amo: negocia con ella desde su hambre.
La comida vuelve a funcionar como principio de realidad. Don Quijote transforma el camino en literatura; Sancho lo convierte en logística. La aventura necesita ambas cosas para seguir: relato y pan, promesa e intendencia.
Por eso esta escena merece atención. En apariencia, Sancho piensa solo en llenar la barriga. En realidad, está defendiendo una autonomía básica: participar en la aventura no significa aceptar todas las privaciones del caballero. Puede ser escudero sin fingir que su cuerpo pertenece a un romance.
La épica necesita alforjas. Y Sancho, que quizá no entienda todos los libros, entiende perfectamente eso.
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