Alimentos e historia

Sancho convirtió el yelmo en recipiente de requesones

Por no perder los requesones pagados, Sancho los mete en la celada; Don Quijote cree que se le derriten los sesos.

7 de julio de 20263 min de lecturaRevisión editorial superada
Sancho entrega a Don Quijote el yelmo donde ha puesto los requesones del capítulo XVII.

Sancho usa el yelmo de Don Quijote como recipiente para los requesones.

Crédito
Gustave Doré, ilustración vía Project Gutenberg

Sancho compra requesones y no quiere perderlos.

Como no encuentra mejor lugar, los mete en la celada de Don Quijote. Cuando el caballero se la pone, el líquido empieza a correrle por la cabeza y cree que se le derriten los sesos. La épica queda atravesada por un accidente lácteo.

La Perla está ahí: Sancho convierte una pieza de guerra en recipiente de comida porque su mundo siempre prioriza lo útil.

El yelmo debería pertenecer al universo heroico: defensa, combate, honra. Pero Sancho lo usa como contenedor improvisado. No destruye el símbolo con argumentos; lo rebaja con una necesidad práctica.

Cervantes vuelve a cruzar dos economías. Don Quijote vive en la economía del honor; Sancho en la economía de no desperdiciar lo pagado. Para uno, la celada prepara la aventura. Para el otro, sirve para salvar los requesones.

El resultado es cómico porque el objeto no puede sostener a la vez las dos funciones sin consecuencias. La cabeza del caballero recibe la filtración de la vida ordinaria justo antes de una posible hazaña.

La escena recuerda que el Quijote no deja nunca que la grandeza se eleve demasiado sin que algo material la toque: hambre, olor, sudor, comida, sueño o queso.

Sancho convirtió el yelmo en recipiente porque la supervivencia doméstica no respeta del todo los símbolos caballerescos. Y en esa falta de respeto está buena parte de la verdad de la novela.

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