Lenguaje y símbolos

Sancho prometió enmendarse de refranes con otro refrán

Incluso al final, Sancho no sabe decir razón sin refrán ni refrán que no le parezca razón.

7 de julio de 20263 min de lecturaRevisión editorial superada

Sancho intenta corregirse, pero su propio lenguaje lo traiciona con gracia.

Promete enmendarse de refranes y acaba recurriendo a otro refrán. No sabe desprenderse de esa forma de pensar. Para él, refrán y razón están demasiado juntos como para separarlos por orden de Don Quijote.

La Perla está ahí: el lenguaje propio no se abandona por decreto del amo.

Cervantes ha construido a Sancho desde esa oralidad acumulativa. Sus refranes pueden ser inoportunos, excesivos o cómicos, pero forman parte de su inteligencia. No son simples adornos: son archivo, memoria, defensa y manera de organizar el mundo.

Por eso la promesa de corregirse fracasa en el mismo acto de formularse. Sancho no tiene otra lengua completamente disponible. Puede moderarse, sí; puede aprender oportunidad; pero no puede dejar de ser quien habla desde esa tradición popular.

La escena finaliza una larga disputa entre disciplina retórica y abundancia oral. Don Quijote quiere medida; Sancho responde con una fuente que nunca se seca del todo.

La identidad se oye. Y en Sancho se oye a refrán incluso cuando promete callarlos.

Sancho prometió enmendarse de refranes con otro refrán porque Cervantes sabía que nadie cambia de idioma interior solo porque se lo manden: uno vuelve, casi sin querer, a las frases con que aprendió a pensar.

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