Filosofía práctica

Sancho decidió fabricar una Dulcinea para salir del encargo

Sancho reconoce que ambos ignoran la casa de Dulcinea y prepara una solución: hacer pasar a una labradora cualquiera por ella.

7 de julio de 20263 min de lecturaRevisión editorial superada

Sancho queda atrapado en un encargo imposible: llevar a Don Quijote hasta Dulcinea.

El problema es que ninguno de los dos sabe realmente dónde está su casa. Don Quijote ama una figura levantada desde la imaginación y Sancho conoce demasiado bien la distancia entre esa fantasía y el Toboso real. Para salir del apuro, empieza a preparar una solución peligrosa: fabricar una Dulcinea.

La Perla está ahí: cuando una ficción exige pruebas, Sancho responde produciendo una ficción nueva.

Hasta ahora, muchas mentiras habían servido para manejar la locura de Don Quijote desde fuera. Aquí Sancho toma el mando. No puede entregar la realidad que su amo espera, así que piensa en sustituirla por una representación creíble dentro del juego.

La decisión es práctica, no malvada. Sancho quiere escapar del encargo, evitar el ridículo y mantener la aventura en movimiento. Si Don Quijote necesita una Dulcinea visible, Sancho buscará un cuerpo cualquiera que pueda ocupar ese lugar por un momento.

Cervantes muestra así cómo la ficción se reproduce. Una invención inicial obliga a otra invención. La Dulcinea imaginada por Don Quijote produce la Dulcinea fabricada por Sancho.

Lo fascinante es que Sancho, el supuesto realista, empieza a fabricar encantamientos. No porque crea en ellos, sino porque entiende su utilidad. La realidad no basta para salir del problema; hace falta teatro.

Sancho decidió fabricar una Dulcinea porque la imaginación de Don Quijote le impuso una tarea imposible. Y ante lo imposible, el escudero responde como dramaturgo de emergencia.

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