Comedia e historia del humor
La duquesa tomó la gracia de Sancho por inteligencia
La duquesa afirma que las gracias de Sancho no pueden asentarse sobre un ingenio torpe.

La duquesa recibe a Sancho y Don Quijote y valora la gracia del escudero.
La duquesa no escucha a Sancho como simple bobo.
Después de sus salidas, sus tropiezos y sus frases inesperadas, ella formula una defensa muy reveladora: las gracias y donaires no suelen asentarse sobre ingenios torpes. La comicidad de Sancho, por tanto, no demuestra falta de entendimiento. Puede demostrar lo contrario.
La Perla está ahí: en Sancho, hacer reír también es una forma de inteligencia.
Cervantes protege así a su personaje de una lectura demasiado fácil. Sancho puede equivocarse, ser codicioso, asustarse, hablar de más y mezclar refranes. Pero su gracia tiene estructura. No es ruido. Encuentra ángulos, baja las ideas al suelo y descubre contradicciones que los personajes nobles no siempre ven.
La duquesa, desde su posición aristocrática, reconoce ese valor. Claro que su reconocimiento no es puro: también disfruta del espectáculo y pronto participará en las burlas. Pero la frase queda ahí como juicio crítico dentro de la novela.
La risa no aparece como enemiga de la discreción. Aparece como una de sus pruebas posibles. Quien hace reír bien ha visto algo, ha ordenado algo y lo ha devuelto con timing.
Sancho no habla con lenguaje académico, pero posee una inteligencia de contacto: toca la realidad donde las palabras solemnes se separan de ella.
La duquesa tomó la gracia de Sancho por inteligencia porque Cervantes sabía que el humor verdadero no nace de la torpeza vacía, sino de una manera rápida y encarnada de entender el mundo.
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