Economía e instituciones
El conquistador que rendía cuentas a una casa bancaria
En el siglo XVI, una casa mercantil de Augsburgo obtuvo derechos para gobernar y conquistar parte de Venezuela. Federmann fue agente, capitán y autor de su propio informe de gestión.
Portada del ejemplar digitalizado de la Indianische Historia, publicada en 1557. El relato de la expedición también sirvió para presentar y defender la actuación de Federmann ante sus empleadores.
La imagen habitual del conquistador es la de un hombre que responde ante un rey, un gobernador o su propia ambición. Nicolás Federmann tenía además otros superiores: los administradores de una casa mercantil y bancaria de Augsburgo.
En 1528, agentes vinculados a los Welser firmaron con Carlos V un contrato para intervenir en la provincia de Venezuela. La Corona seguía siendo la autoridad soberana; no entregó el territorio a un Estado alemán, que entonces ni siquiera existía como nación unificada. Lo que concedió fue una combinación de derechos y obligaciones para explorar, conquistar —en el lenguaje jurídico del documento, «pacificar»—, poblar y gobernar una parte de la provincia.
La diferencia importa. Aquello no fue una colonia alemana en el sentido que adquiriría esa expresión en el siglo XIX. Fue una empresa privada inserta en el imperio español: capital de Augsburgo, autorización de la monarquía hispánica, puertos y tribunales españoles, tropas de procedencias diversas y trabajo extraído de pueblos indígenas y de africanos esclavizados.
Los Welser no eran aventureros improvisados. Su compañía conectaba Augsburgo con Amberes, Lyon, Venecia, Sevilla y Lisboa mediante factores, representantes que administraban negocios lejos de la sede principal. Habían participado en el comercio de textiles, especias y azúcar, financiado a los Habsburgo y obtenido contratos relacionados con la trata de personas esclavizadas. Venezuela amplió esa red comercial hasta convertirla en gobierno colonial.
Federmann encajaba perfectamente en esa estructura. Nacido en Ulm, llegó al Caribe como agente de los Welser y trasladó colonos y mineros desde Europa. En Venezuela fue nombrado sustituto del gobernador Ambrosius Ehinger y, en 1530, salió desde Coro hacia el interior con soldados a pie, jinetes y auxiliares indígenas.
Su expedición buscaba rutas, metales preciosos, alimentos, cargadores y poblaciones que pudieran ser sometidas. El relato que dejó no es la narración inocente de un viajero. Describe contactos violentos, exigencias de provisiones, toma de prisioneros y mecanismos de subordinación. También registra nombres y datos sobre pueblos de la región que apenas aparecen en otras fuentes. Esa mezcla convierte el texto en un documento valioso y peligroso: informa sobre las sociedades indígenas mientras las mira desde la lógica de quien pretende dominarlas.
Federmann realizó aquella primera entrada sin la autorización exigida. Cuando regresó a Europa tuvo que justificarse ante sus empleadores. Allí aparece uno de los rasgos más extraños de la historia: su crónica también funcionó como defensa profesional.
La Indianische Historia, redactada después del viaje y publicada en 1557 por su cuñado, presentaba la expedición desde el punto de vista de Federmann. El informe ordenaba el recorrido, explicaba decisiones, describía resultados y construía la imagen de un jefe capaz. La biografía académica alemana señala que esa narración le permitió defenderse con éxito ante los Welser y recuperar una posición de mando.



