Dinero y confianza
Tras el gasto del barco, Sancho ve lejos su acrecentamiento y busca ocasión para apartarse de su amo
Lo que ocurre es más lento y más humano. Después de ver cómo una aventura puede terminar en gasto, peligro y promesa aplazada, empieza a pensar en volver a casa. La ínsula se aleja, el caudal se consume y la fidelidad empieza a rozar el cansancio.

Ilustración pública de la misma parte y capítulo de Don Quijote (parte 2, capítulo 30). La duquesa recibe a Don Quijote porque ya lo conoce como personaje leído.
Sancho no abandona a Don Quijote de golpe.
Lo que ocurre es más lento y más humano. Después de ver cómo una aventura puede terminar en gasto, peligro y promesa aplazada, empieza a pensar en volver a casa. La ínsula se aleja, el caudal se consume y la fidelidad empieza a rozar el cansancio.
La idea central está ahí: Sancho calcula la lealtad también con la bolsa.
Cervantes no convierte a Sancho en traidor. Lo vuelve real. Ha seguido a su amo por cariño, esperanza, curiosidad y ambición. Pero esas razones no pesan siempre igual. Cuando los golpes se acumulan y el beneficio no llega, la promesa de medro deja de sostener la marcha.
La escena es discreta, pero decisiva. Sancho no necesita una gran crisis moral para querer separarse. Le basta con una suma concreta, una decepción repetida y la sospecha de que seguir cuesta más de lo que promete.
Don Quijote vive en una economía de gloria futura. Sancho vive en una economía de pan, dinero, casa y desgaste. Por eso sus dudas son tan creíbles: no niegan la aventura, preguntan cuánto tiempo puede mantenerse.
La fidelidad de Sancho es una de las grandes fuerzas del libro, pero Cervantes la protege de ser pura abstracción. La ata al cuerpo y al bolsillo.
Sancho empezó a calcular la huida después de pagar aventuras porque hasta el cariño más fiel necesita alguna señal de que no está caminando hacia la ruina.