Memoria y archivos
La duquesa reconoce a Don Quijote y a Sancho por la historia impresa y decide seguirles el humor
Antes de tratarlo como caballero andante, ya lo ha leído. La fama impresa llega al palacio antes que el propio personaje, y por eso la recepción no es inocente. Los duques saben qué papel espera Don Quijote y deciden representárselo.

La duquesa recibe a Don Quijote porque ya lo conoce como personaje leído.
La duquesa no descubre a Don Quijote: lo reconoce.
Antes de tratarlo como caballero andante, ya lo ha leído. La fama impresa llega al palacio antes que el propio personaje, y por eso la recepción no es inocente. Los duques saben qué papel espera Don Quijote y deciden representárselo.
La idea central está ahí: el libro publicado empieza a fabricar las aventuras futuras de su protagonista.
Cervantes lleva la metaficción a un terreno práctico. La primera parte del Quijote no queda detrás como archivo cerrado; entra dentro de la segunda parte como manual de uso. Quien ha leído a Don Quijote aprende cómo activarlo, cómo halagarlo y cómo empujarlo hacia nuevas escenas.
La duquesa no solo es lectora. Es productora de ficción. Al seguirle el humor, transforma su casa en escenario y convierte la hospitalidad noble en una forma de teatro. Don Quijote cree entrar en un castillo acorde con su identidad; los duques saben que están montando esa confirmación.
La fama cambia así de naturaleza. Primero cuenta lo ocurrido. Luego condiciona lo que ocurrirá. El personaje ya no vive solo aventuras: vive también las consecuencias de haber sido narrado.
La escena es brillante porque muestra el lado peligroso de ser conocido. Cuando otros leen tu patrón, pueden darte justo el mundo que necesitas para seguir engañado.
La duquesa recibió a Don Quijote porque ya lo había leído porque Cervantes entendió que un libro famoso no solo conserva una historia: también puede producir nuevas trampas para quien vive dentro de ella.