Filosofía práctica
Un mozo prueba que pueden encerrarlo en la cárcel, pero no obligarlo a dormir si no quiere
Puede mandar prender a un mozo, puede amenazar con cárcel y puede ordenar muchas cosas propias del cargo. Pero el muchacho le plantea una resistencia elemental: podrán encerrarlo, pero no obligarlo a dormir si él no quiere.

Ilustración pública incluida en el capítulo 49 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Sancho descubrió que ni el gobernador puede mandar dormir» porque pertenece al mismo capítulo.
Sancho se encuentra con un límite mínimo del poder.
Puede mandar prender a un mozo, puede amenazar con cárcel y puede ordenar muchas cosas propias del cargo. Pero el muchacho le plantea una resistencia elemental: podrán encerrarlo, pero no obligarlo a dormir si él no quiere.
La idea central está ahí: el poder público tropieza con la voluntad íntima del cuerpo.
Cervantes hace comedia con una verdad filosófica pequeña. La autoridad puede actuar sobre el espacio, el movimiento y el castigo. Puede meter a alguien en una celda. Pero no puede producir directamente ciertos actos interiores: dormir, querer, creer, sentir.
Sancho, buen juez de casos concretos, entiende la fuerza del argumento. No todo mandato se vuelve obediencia real por estar bien pronunciado. Hay una zona mínima de libertad o resistencia que no depende del tamaño del cargo.
La escena es divertida porque el desafío parece poca cosa. No se trata de una rebelión heroica, sino de la obstinación de un cuerpo que se reserva el sueño. Pero precisamente ahí está su inteligencia: el poder se mide también en lo que no puede fabricar.
Gobernar no es dominar toda la realidad. Es aprender dónde acaba la orden y empieza aquello que solo el otro puede hacer.
Sancho descubrió que ni el gobernador puede mandar dormir porque Cervantes sabía que la autoridad más alta sigue siendo incapaz de forzar directamente algunos actos mínimos donde el cuerpo conserva su última palabra.