Mapas y territorio
Sancho cae con el rucio en una sima y compara su miseria con la cueva maravillosa de su amo
Don Quijote bajó a la cueva de Montesinos y volvió con visiones, palacios, figuras encantadas y materia para interpretar. Sancho cae en una sima con el rucio y encuentra oscuridad, miedo, hambre de salida y tierra dura.

Ilustración pública incluida en el capítulo 55 de la Segunda Parte de Don Quijote. Se asigna a «Sancho bajó a su propia cueva de Montesinos, pero sin palacios» porque pertenece al mismo capítulo.
Sancho también tiene su descenso, pero no se parece al de Don Quijote.
Don Quijote bajó a la cueva de Montesinos y volvió con visiones, palacios, figuras encantadas y materia para interpretar. Sancho cae en una sima con el rucio y encuentra oscuridad, miedo, hambre de salida y tierra dura.
La idea central está ahí: la aventura de Sancho es el reverso realista de la visión de su amo.
Cervantes duplica el motivo del descenso y lo baja de tono. Donde Don Quijote produce relato maravilloso, Sancho produce queja práctica. Donde uno ve mundos subterráneos cargados de sentido caballeresco, el otro encuentra un agujero del que hay que salir.
La comparación es cómica porque Sancho mide su desgracia con el patrón imaginario de su amo. Él también ha bajado, pero sin música épica. No hay damas encantadas ni palacios invisibles. Hay un asno, una caída y la urgencia de volver arriba.
Esa diferencia resume la pareja. Don Quijote transforma el subsuelo en mito. Sancho transforma el mito en experiencia corporal. Ambos descienden, pero uno vuelve con narración y el otro con magulladuras.
La sima de Sancho corrige la cueva de Don Quijote desde la materia.
Sancho bajó a su propia cueva de Montesinos, pero sin palacios porque Cervantes sabía que toda aventura maravillosa tiene un reverso donde no hay símbolo elevado, sino barro, animal y necesidad de rescate.