Lenguaje y símbolos
Onfim hizo sus deberes medievales sobre corteza de abedul
Un niño del siglo XIII practicó letras y sílabas en corteza de abedul; la tierra húmeda de Nóvgorod conservó sus deberes y sus dibujos durante siglos.

Dibujos en corteza de abedul atribuidos a Onfim, niño de Nóvgorod del siglo XIII.
Hay una forma solemne, casi aburrida, de contar la Edad Media: reyes, guerras, obispos, murallas, tratados. Luego aparece Onfim y rompe el decorado. Onfim no nos dejó una crónica. Nos dejó deberes.
La idea central está ahí: en Nóvgorod, hacia mediados del siglo XIII, un niño practicó el alfabeto sobre corteza de abedul, dibujó bestias y guerreros, firmó su nombre, y la tierra húmeda conservó ese pequeño desastre escolar durante siglos.
Las fichas de gramoty.ru, la base de datos de antiguas cartas rusas en corteza de abedul, sitúan varias piezas de Onfim en Nóvgorod y les dan una fecha convencional de 1240-1260. La gramota 199 se clasifica como texto de aprendizaje: alfabeto, sílabas, una fórmula de carta privada y una inscripción junto al dibujo de una bestia. La ficha ofrece una traducción inglesa deliciosa por su sequedad: letras del alfabeto cirílico, ejercicios silábicos, “a bow from Onfim to Danilo” y, junto al animal, “I am a beast”.
Eso no parece mucho hasta que uno lo mira bien. Un niño medieval se presenta, practica, se equivoca, ensaya sonidos y convierte un resto de corteza en una mezcla de cuaderno, tarjeta, juego y escenario imaginario. Donde esperaríamos silencio infantil, aparece una voz pequeña: “soy una bestia”.
La gramota 200 es igual de reveladora. La ficha la describe como otro texto de aprendizaje de Onfim: dibujo, firma y comienzo del alfabeto. En la transcripción aparecen las letras de la “a” a la “k” y una inscripción junto a un jinete que derrota a un enemigo: Onfim. No hace falta exagerarlo. No sabemos exactamente qué pensaba el niño. Pero el gesto es reconocible: aprender letras en una esquina y, al lado, dibujarse poderoso.
Ahí la pieza deja de ser solo filología. Se vuelve infancia. Onfim practica la herramienta adulta de la escritura y al mismo tiempo la invade con imaginación. El alfabeto no llega como una abstracción limpia; llega mezclado con combate, animales, nombres propios y ganas de jugar.
La gramota 201 refuerza el lado escolar: alfabeto y combinaciones silábicas. La 203 cambia el registro y contiene una breve oración: “Lord, help Your servant Onfim”, según la traducción inglesa ofrecida en la ficha. En pocas piezas aparece una educación completa en miniatura: letras, sílabas, fórmulas sociales, oración, dibujo y nombre.
El soporte es clave. La corteza de abedul era barata y disponible en aquella región. Harvard resume bien el contraste: frente al pergamino caro usado para libros litúrgicos, alta literatura o textos legales, la corteza era gratuita y común. En las ciudades de la Rus medieval sirvió para mensajes personales, religiosos, comerciales y administrativos. Esa materialidad cambia la historia: no todo lo escrito aspiraba a ser monumental. Mucho se escribía para circular, responder, practicar o tirar.
Y precisamente porque se tiraba, sobrevivió. Harvard señala que más del 90% de las cartas de corteza conservadas proceden de Nóvgorod, en parte por su suelo grueso, algo ácido y anaeróbico, capaz de preservar materiales orgánicos como madera, cuero y hueso. El archivo de Onfim no fue diseñado para la posteridad. Fue rescatado por una química accidental de barro, humedad y falta de oxígeno.
