Patrones naturales
Los termiteros de una especie india invierten su circulación de aire entre el día y la noche
“El termitero convierte el retraso térmico entre paredes delgadas y núcleo macizo en un circuito de aire que cambia de sentido.”

Termitas Odontotermes obesus, la especie constructora de los montículos donde la circulación del aire se invierte entre el día y la noche.
Un montículo de tierra puede parecer inmóvil incluso cuando su interior está lleno de tránsito. En las paredes externas de algunos termiteros, el aire asciende durante una parte del día. Horas después, recorre esas mismas zonas en sentido contrario.
Los termiteros de una especie india invierten su circulación de aire entre el día y la noche.
La especie estudiada fue Odontotermes obesus, una termita cultivadora de hongos que construye montículos altos con un núcleo central y una red de contrafuertes o flautas en el exterior. El mecanismo medido no consiste en que todo el edificio se caliente y expulse aire como una chimenea simple. Depende de que sus partes cambien de temperatura a velocidades distintas.
El termitero no respira como un pulmón que siempre empuja en la misma dirección: cambia de sentido con el reloj térmico del paisaje.
Dos partes que no siguen el mismo reloj
Las flautas exteriores son relativamente delgadas y están muy expuestas al sol y al aire. El conducto central, más grueso y protegido, responde con mayor lentitud. Esa diferencia crea dos relojes térmicos dentro de la misma construcción.
Durante el día, la periferia recibe calor con rapidez. El centro conserva durante más tiempo una temperatura menor y cambia de forma más gradual. Por la noche ocurre lo contrario: las paredes finas pierden calor deprisa mientras el núcleo retiene parte del calor acumulado.
La clave no es una temperatura ideal fija. Es el contraste entre zonas.
La forma arquitectónica no controla una temperatura constante; organiza diferencias de temperatura para producir transporte.
Cuando dos columnas de aire conectadas tienen temperaturas distintas, también difieren en densidad. El aire más cálido tiende a ascender y el más frío a descender. En el termitero, las galerías enlazadas convierten esa diferencia en un circuito.
De día, la periferia tira hacia arriba
En las mediciones realizadas en India, el calentamiento diurno de las flautas exteriores favorecía el ascenso del aire por esas regiones. Para cerrar el circuito, el aire descendía por la chimenea central.
No era una corriente que entrara por un agujero y saliera definitivamente por otro. Gran parte del movimiento formaba un lazo interno: subida por la periferia, descenso por el centro y conexión con las galerías inferiores.
El aire no necesitaba escoger una salida única: podía recorrer un circuito cerrado dentro del montículo.
Esta circulación transporta calor y gases. Las termitas, el hongo que cultivan y otros organismos del nido consumen oxígeno y producen dióxido de carbono. Si el aire permaneciera inmóvil, la concentración de gases respiratorios cambiaría alrededor de las cámaras habitadas.
El circuito no renueva de golpe todo el volumen del nido. Lo desplaza hacia regiones porosas del montículo, donde el intercambio con el exterior puede producirse a través de las paredes.