Ideas científicas contraintuitivas
Los pelos triangulares de la hormiga plateada reflejan luz y emiten calor
La hormiga plateada del Sahara no se enfría solo por ser clara. Sus pelos forman una microestructura óptica que refleja parte de la radiación solar y facilita que el cuerpo libere calor hacia el cielo.

Hormigas plateadas del Sahara alimentándose de una garrapata de camello en Erg Chebbi, Marruecos.
La hormiga plateada del Sahara parece una gota de mercurio que corre sobre arena. Ese brillo no procede de un pigmento metálico. Lo producen miles de pelos diminutos que cubren la parte superior y los costados de su cuerpo.
El detalle decisivo no es solo que haya pelos, sino su geometría. Cada uno posee una sección aproximadamente triangular, se extiende casi paralelo a la superficie del cuerpo y deja una pequeña cámara de aire debajo. Dos caras superiores son corrugadas; la cara inferior, orientada hacia el cuerpo, es más plana.
Esa estructura trabaja en regiones distintas del espectro electromagnético. Bajo el Sol, ayuda a evitar que parte de la energía entre. Cuando el cuerpo ya está caliente, facilita que otra parte salga.
Reflejar lo que llega
La radiación solar que alcanza la arena contiene luz visible y radiación infrarroja cercana. Los pelos de la hormiga reflejan con eficacia en esas bandas. Por eso el animal adquiere su apariencia plateada y absorbe menos energía que si su superficie estuviera desnuda.
No se trata simplemente de pintar el cuerpo de blanco. La dimensión de los pelos, su separación, la cámara de aire y sus caras corrugadas forman un sistema óptico. La luz se dispersa y se refleja en una cubierta cuya escala es comparable con las longitudes de onda que debe controlar.
Los investigadores estudiaron la superficie mediante microscopía electrónica y fresado con haz de iones. Al observar cortes transversales descubrieron la forma triangular que una fotografía ordinaria no muestra. Después compararon hormigas con su cubierta intacta y hormigas a las que se había retirado el pelo para medir cuánto cambiaba el balance térmico.
Emitir lo que sobra
Un objeto caliente también emite radiación. A la temperatura corporal de la hormiga, una parte importante de esa emisión se encuentra en el infrarrojo medio, invisible para nosotros.
En esa región, la cubierta no actúa como un simple espejo. Los pelos funcionan como una capa antirreflectante que mejora el acoplamiento entre el cuerpo caliente y el exterior. Dicho de otra forma: dificultan la entrada de ciertas longitudes de onda solares y, al mismo tiempo, facilitan la salida de radiación térmica en otras longitudes de onda.
El destino útil de esa radiación es el cielo. En condiciones despejadas, el cielo puede comportarse como un sumidero radiativo más frío que el animal. La hormiga no necesita un ventilador ni evaporar agua para aprovecharlo; necesita una superficie que permita al calor escapar en la banda adecuada.
La misma cubierta cumple así dos tareas que parecen opuestas. Refleja para no calentarse tanto y emite para enfriarse cuando ya ha recibido calor. No existe contradicción porque cada función domina en una zona diferente del espectro.
Una diferencia pequeña en grados, enorme en el desierto
El equipo calculó que la mayor reflexión solar y la mayor eficiencia radiativa contribuían en proporciones comparables. Juntas podían reducir la temperatura corporal entre cinco y diez grados respecto de una hormiga sin la cubierta de pelos.